Albarracín - Traiguera, pasando por un castillo rojizo de frontera. (PARTE III)

Domingo 7 de abril de 2013.

Como es costumbre en nuestras escapadas, nos levantamos bien pronto para aprovechar lo máximo el día. Suena el despertador y empezamos a escuchar el sonido del agua que baja por el río y los pájaros cantando. Nos asomamos a la ventana - no se nos había ocurrido aún - y nos encontramos con esto:



Después de deleitarnos con las vistas, ducha y hacer la maleta, dejamos los trastos en el coche y nos vamos a desayunar. Es muy pronto y Albarracín está todavía durmiendo y nos cuesta encontrar un bar abierto para tomarnos un café. Al final en la calle Azagra intuimos algo de vida, y nos metemos dentro del bar para tomarnos un café con leche. Después, en una panadería - pensad que es domingo - nos compramos unos croissants. Tenemos la visita a las 11 de la mañana, así que vamos haciendo tiempo - Albarracín no es muy grande - deleitándonos de las vistas y del lugar mismo. Sobre las 10.30h empieza  a haber movimiento por la plaza y va apareciendo gente con la que vamos a hacer el recorrido guiado. A las 11 en punto empezamos; nuestra guía empieza  explicarnos la historia de Albarracín de una manera sublime, te sumerge en tiempos pasados y te hace vivir realmente lo que cuenta. Empezamos la visita por la calle Azagra, creo recordar, recorriendo todas y cada una de las calles y callejuelas de la ciudad.




Del recorrido destacar dos cosas: la visita a una casa típica de la ciudad, y la degustación de embutidos, quesos... de la zona al terminarla. Delicioso.


La visita duró más de una hora, y no teniendo demasiada hambre aún, decidimos dar una vuelta por el río, para recoger después del coche de nuevo en lo alto de la ciudad y buscar un sitio para comer.



El color rojizo típico de las casas de Albarracín es debido - y esto fue explicado en la visita guiada - a que la tierra de allí tiene mucho hierro y a medida que van pasando los años se oxida y acaba teniendo ese tono.


Se notaba que era domingo y hacía mejor tiempo que el día anterior; la localidad estaba llena de gente, y así también sus restaurantes. Finalmente, encontramos uno en el que poder comer con un menú asequible a nuestros bolsillos (10€ creo recordar). Después de meternos entre pecho y espalda sendos platos de migas, una buena trucha y ternasco, cogimos el coche y nos fuimos hasta... BRONCHALES. Y, ¿qué tiene Bronchales? Pues, básicamente... agua. Fuimos a llenar garrafas de agua. Aunque no estaba en nuestro plan inicial, y no sabiendo si podríamos ir, cogimos algunas garrafas para llenarlas allí. 

Al ir acercándonos comprendimos porque el pueblo es llamado El Balcón de España - y recordando a un amigo nuestro músico que siempre nombra el pasodoble del mismo nombre -, y buscamos como llegar a la Fuente del Canto y llenar algunas garrafas. Allí el paisaje es verdaderamente bonito, además de encontrárnoslo nevado, hay unos pinos altísimos que te dan la bienvenida. Un buen lugar para pasar el día - cosa que no hicimos porque no la teníamos planeada.


Después de llenar las garrafas, nos tomamos un café en el pueblo - que no tiene más que las vistas, que
ya es mucho - y nos dirigimos hasta Peracense para visitar su castillo. Llegando por este punto de la carretera se tiene una visión increíble de la fortaleza, que aparece a lo lejos de color roja e imponente.



Para visitar el castillo se necesita mínimo una hora, si quieres verlo todo y leerlo. Además, al final del recorrido te encuentras unos paneles que explican increíblemente bien - escritos por José Luís Corral - cuál ha sido la función de la fortaleza a lo largo de toda su historia.





Después de esta visita ya terminaba nuestra pequeña escapada.

Distancias y tiempos de esta etapa:
Albarracín - Bronchales: 30' y 30km
Bronchales - Peracense: 40' y 36 km
Peracense - Traiguera: 3h y 280 km



¡DISFRUTAD DEL CAMINO!

Juanjo&Marina


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