Adiéu Carcassonne. Allo Toulouse (Parte V)

Estamos ya en 2014. Y seguimos estando en Francia.

Acabados de levantar, tenemos que recoger el apartamento y hacer las maletas. La noche anterior no hicimos una gran fiesta, pero la comilona fue abundante, así que nos quedan un montón de cacharros por fregar y queremos dejar el apartamento - aunque no sea nuestra obligación expresa - decente.

Después de mirar y remirar por si nos dejamos algo, voy a pagar a la recepción y nos subimos al coche para emprender nuestro camino hasta el próximo destino: Toulouse. Ésta es la cuarta ciudad en extensión de Francia y, sinceramente, no sabíamos muy bien qué nos íbamos a encontrar, ya que nunca nos habíamos planteado ir hacia allí, pero nos llevamos una grata sorpresa.

Después de pasar por el pueblo hermandado con Sant Mateu - en el que pasamos nuestros años de instituto - y quedarnos "what?", llegamos a la ciudad rosa. Era pronto aún y habíamos quedado con el señor que nos iba a dar las llaves del apartamento, en la zona universitaria, sobre las 3 de la tarde, así que aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad y empezar a hacernos con ella. Pudimos aparcar en una de las avenidas principales, en la zona azul - que no  nos pareció demasiado cara - y a partir de allí empezar nuestro recorrido. No pretendíamos hacer un gran recorrido esa mañana ya que teníamos toda la tarde y el día siguiente para ver las cosas, de modo que callejeamos sólo para hacer tiempo. Inocentes nosotros... ¡qué pateada nos dimos!

El primer lugar al que nos dirigimos, y guiándonos por los carteles esparcidos por toda la ciudad, fue la Catedral de Saint-Ètienne - entrada gratuita. Al entrar lo que más me llamó la atención fueron las vidrieras, impresionantes. Y la mezcla de estilos: podía verse el cambio del románico al gótico de una forma espectacular. Aquello es una lección de historia del arte en estado puro.

(disculpad que tenga que sacar las fotos de internet, pero la cámara estaba todavía rota y no daba gusto hacer fotos con ella)






Después de recrearnos un buen rato en esta construcción, salimos y nos dijimos: ¿a dónde vamos ahora? Al no traer nada programado, estábamos deambulando un poco por la ciudad pero, realmente, vale la pena hacer esto. Cogimos una de las calles principales y continuamos andando. Nos encontramos con lugares bastante curiosos, entre ellos el siguiente, que a mí, personalmente, me dejó prendada: 





La ciudad empezaba a tomar color, y sus calles nos estaban embriagando. Finalmente acabamos en la otra punta del centro histórico de Toulouse y llegamos a la Basílica St-Sernin, esa que sale en todas las fotos detrás del Garona - entrada también gratuita. Es un lugar también curioso, como todas las construcciones de aquella zona, ya que los materiales con los que está hecho no son los que normalmente se suelen utilizar, o estamos acostumbrados a ver aunque puede que el ladrillo nos recuerde ligeramente al arte mudéjar que podemos ver por Aragón. Esta basílica, románica, y la más grande que existe, es patrimonio mundial de la UNESCO, además de etapa esencial en el Camino de Santiago. Otro lugar para perderte y admirar.

(otra vez la cámara out, así que mano de wikipedia)






Se nos estaba haciendo tarde, y teníamos que volver hasta el coche, que estaba aparcado en el Boulevard Lazare Carnot, de modo que emprendimos nuestro camino, no sin antes perdernos por las calles de la ciudad y flipar con las bibliotecas de allí, y el ambiente tan genial que había.

Llegados al coche fuimos hasta la zona universitaria. Teníamos que llegar al domicilio particular de nuestro casero por un día y coger allí las llaves. No se encontraba en casa pero estaba su hijo que muy amablemente nos llevó hasta lo que era una residencia universitaria y en la que tenían un apartamento que alquilaban para turistas. Nos salió por 50 euros la noche los 4, y era pasable para descansar un día. Tenía una especie de terracita, que no íbamos a usar, porque no voy hasta Toulouse para sentarme en la terraza de la habitación. Dejamos los trastos y comimos algo - que ya eran más de las 3 de la tarde -, nos conectamos al wifi y empezamos a recibir felicitaciones de año nuevo.

Habíamos escogido aquel apartamento ya que tenía aparcamiento privado y gratuito, y además estaba cerca del metro que nos llevaba directamente al centro de la ciudad. Inicialmente nos habíamos propuesto no tocar el coche hasta la hora de marcharnos, pero Toulouse es una ciudad muy cómoda para conducir, y la gente son muy cívica en la carretera, por lo que acabaríamos yendo en coche.

Nos hicimos algo para comer - unos bocatas creo recordar - y decidimos en aquel instante que iríamos hasta Cordes sur Ciel y después Albi, así que recién comidos nos subimos de nuevo al coche y empezamos a tocar carretera de nuevo.

Me habían recomendado, en Los Viajeros, visitar estas dos localidades, ya que se encontraban relativamente cerca de Toulouse. Como vamos con el GPS no hay problema para encontrar nuevos lugares fácilmente, así que no nos importa hacer algunos kilómetros más de lo normal. Cuando salimos a la carretera nos encontramos, tras pasar la Cité de l'Espace, con una autovía amplísima y gratuita, tumbando por tierra así las creencias de Juanjo. Esta carretera lleva directamente a Albi, pero nosotros tuvimos que salirnos para ir hasta Cordes, y nos reencontramos con nuestras queridas carreteras cuaternarias y preciosas. Finalmente divisamos la localidad, allá a lo lejos, encaramada a lo alto de la montaña... ¡WOW! 

(Fotos de la página web de la localidad)



Lo único que nos importaba en aquel momento era poder aparcar y empezar a subir esas calles. Estaba oscureciendo, y cuando conseguimos aparcar ya era de noche - pensad que estábamos a 1 de enero - por lo que el descubrimiento de Cordes fue, como con Carcassonne, mágico. Emprendimos la calle principal hasta llegar a lo alto del lugar... aquello parecía un cuento. La cuesta terrible que había nos pareció peaje justo a pagar para disfrutar de todo aquello, maravilloso. No me extraña que sea el pueblo preferido por los franceses este año 2014, aquello es increíble. Finalmente, conseguimos llegar a lo alto, y nos encontramos con el mercado medieval muy bien conservado, y un señor que tenía en su casa una especie de santuario hindú bastante tétrico y que no acabamos de entender, pero que visitamos y fisgoneamos. 

Callejeamos por Cordes, ya que al ser enero y tan "tarde" - no serían más de las seis - estaba todo cerrado. Aún así, valió la pena.









Emprendimos nuestro camino entonces hasta Albi, aunque sabíamos que íbamos a encontrar todo cerrado, queríamos pasar por allí, ya que se encuentra a escasos 30 km de Cordes-sur-Ciel. Antes de llegar a Albi, y al girar una curva, nos encontramos con las vistas de la ciudad iluminada, solitaria, en medio del valle, que nos dejaron a los cuatro alucinados. Aquello era impresionante. Las cosas por la noche ganan muchísimo más.

En Albi aparcamos en un lugar cerca de la catedral, gratuito, y nos fuimos a dar una pequeña vuelta. La catedral es imponente, mastodóntica, increíble. No hicimos nada especial, simplemente, caminar por allí, y viendo que se nos hacía tarde decidimos volver a Toulouse a comer alguna cosa. Sorprendentemente, en Toulouse estaba todo abierto, y pudimos cenar sin problemas, e incluso tomar algo.

Decidimos ir a descansar, el día siguiente lo teníamos reservado a visitar la ciudad y volver a nuestras casas. Nos esperaba un día durillo.


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