Fin de año Castellanoaragonés (Parte I)

Amanece el día muy temprano para nosotros, antes de las 7 de la mañana ya estoy levantada y duchándome. Acabando de preparar todo, nos montamos en el coche y a las 8 de la mañana, y con 5ºC, salimos el pueblo dirección Soria.




Nuestra primera parada será en Alcañiz, en el Simply, para echar gasóleo. Allí está a menos de un euro, y es nuestra gasolinera de rigor siempre que vamos por esa zona, ya que es la más barata que hay en la ruta.

Continuamos la ruta y viendo que el GPS nos desvía a la altura de Zaragoza por la Ronda de la Hispanidad, decidimos parar en el Ikea a tomarnos un café, que con la tarjeta nos sale gratis. En poco más de dos horas y media hemos llegado allí, sin correr y teniendo en cuenta la parada. Si no fuera por la mala carretera que hay desde Torremiró hasta Ráfales, que te hace perder bastante tiempo, y a mi joderme marearme, nos plantaríamos en Zaragoza en apenas 2 horas e iríamos al Norte mucho más rápidamente. Deseo con ansia que algún día terminen las obras que pararon hace ya no sé cuantos años.

Emprendemos de nuevo el viaje y como el GPS nos ha mandado por Calatayud, resulta que pasaremos por Almenar, lugar que se había caído de la lista por quedar apartado de la ruta principal. En Almenar hay algo muy interesante que queríamos visitar, pero resulta que no es siempre posible hacerlo. Se trata del castillo, uno de los mejor conservados de la provincia, pero resulta que es privado, y su visita es casi imposible. Para más datos, allí nació Leonor, la joven esposa de Machado. Pero antes de llegar a Almenar, quiero mostraros algo que nos acompañará gran parte del viaje: el Moncayo.




Unos kilómetros antes de llegar a Almenar empezamos a divisar la silueta del castillo. No vemos el momento de parar y, al menos, poder rodearlo. Aparcamos justo al lado y bajamos del coche... ¡qué frío! El viento es gélido y en la penumbra todo permanece helado, los charcos son minipistas de hielo. Pero eso nos da igual, el castillo nos tiene embelesados. 




Como no vemos que allí haya nadie que vaya a abrirnos la puerta, nos resignamos a rodear la fortaleza y disfrutar de su belleza exterior.




Entendiendo que allí ya no hay nada más que hacer, nos montamos en el coche y nos vamos hasta Soria, nos quedan apenas 30 km. El Duero nos recibe y vemos que hay allí una oficina de turismo. Para no ir perdiendo el tiempo, siendo ya las 13:30h, decidimos bajar y preguntar, ya que los horarios que tenemos nos dicen que la mayoría de monumentos van a estar abiertos de 4 a 6 de la tarde. Después de rodear varias veces el edificio, nos damos cuenta que está cerrado, aunque en un cartel ponga que la hora de cierre son las 2 de la tarde. Extrañados subimos de nuevo al coche y nos dirigimos al hostal donde recogeremos las llaves para ir a la pensión en la que nos alojaremos los próximos dos días - son dos edificios separados. Sin ningún problema, y muy rápidamente, recojo la llave y pago la estancia. Nos vamos hasta el otro edificio y aparcamos el coche en la puerta misma. Nos instalamos en la habitación, pequeña pero suficiente. Vamos a inspeccionar la cocina, ya que el apartamento, que en realidad es un piso reformado con baño en cada una de las habitaciones, tiene una comunitaria para uso y disfrute de todos los inquilinos. Ocupamos una parte de la nevera con nuestras provisiones para los próximos 5 días y comemos la ensaladilla rusa que traíamos ya hecha de casa. Raudos nos disponemos así a visitar la ciudad de Soria.

Como ya he explicado en anteriores entradas, pido siempre toda la información posible que pueda ser mandada por correo postal para preparar las rutas. Pues ésta ha sido una de las veces que más me alegro de haberlo hecho, y después veréis porque. Tirando de mapa buscamos la zona histórica de Soria, que es pequeña y no homogénea; los monumentos se esparcen por la ciudad. Queriéndonos guiar por los horarios que tenemos, dejaremos la Iglesia de Santo Domingo para el final, ya que es la que cierra más tarde, pero resulta que está realmente cerca de donde nos alojamos, así que al pasar por delante no podemos más que meternos dentro.




Lo primero en lo que te fijas, y no es por casualidad, es en esa maravillosa portada trabajada que bebe del arte francés de la época.




El interior, aunque austero - cosa que me encanta - es maravilloso. Hay una tranquilidad increíble, rota solamente por el paso de las monjas que allí habitan en la actualidad y que se dirigen al altar para rezar, sentadas en el suelo...






Decidimos salirnos e ir a otro sitio, ya que tenemos un par de monumentos apuntados que queremos ver, y todo eso antes que cierren. Siguiendo recto, decidimos torcer a la derecha después de un par de cruces de calles. Allí, sentado, frío y esperando, está Machado.





Machado nos manda por una calle llena de palacios, cuatro juntos, que están muy descuidados. Me apeno de ello; Soria tiene cosas muy bonitas, muchas de las cuales están dejadas de la mano del hombre... 

Acabamos en la calle del Collado, no hay mucha gente, porque son las 4 de la tarde y es laborable. Por allí cerca está el parque de la Dehesa, que no acabaremos visitando, porque nos gana el tiempo, y la oscuridad - recuerden que es diciembre. Así, y cerca de allí, vemos una señal de información turística, a la que nos dirigimos raudos, pues como ya he dicho, el tiempo apremia y queremos disfrutar de las máximas cosas posibles. Para nuestro asombro, la oficina está cerrada hasta el 2 de enero. Pues no sé cuando quieren los sorianos que vayamos a visitarlos... un día de febrero cualquiera me parece bastante improbable (y aquí enlazo el tema con la primera entrada de este año).

Un poco tocados por eso, ya que queremos preguntar, nos vamos a buscar San Juan de Rabanera, guiados por el mapa que gracias a mi espíritu ansioso y previsor había pedido por internet. Si no... díganme ustedes qué hacemos. Encontramos el mencionado edificio, pero ¡qué bonito es por fuera!






Pues el exterior será lo que veremos ya que, aunque en los horarios aparezca que estará abierto hasta las 18:00h, no es así. De este modo, y un poco cabreados, nos vamos hasta la catedral que queremos visitar, además de su claustro. Antes de llegar a la catedral, pasamos por la Plaza Mayor y entramos en la iglesia de Santa María, lugar donde se casaron Antonio y Leonor. Nos damos cuenta que estamos muy calentitos allí, y resulta que sale aire caliente del suelo. Creemos en ese momento que se han dejado abiertas las puertas del infierno... que no se fíen mucho no sea que el demonio se cole en su iglesia. Como allí tenemos ya todo visto, y entendiendo que van a echar una película sobre no sé qué santo, salimos y nos encontramos con Leonor, sujetando la silla de su querida Machado.

Nos hacen unas fotos para una promoción turística de Castilla y León - si alguien sabe cómo encontrarlas, que nos avise - y seguimos nuestro camino hasta la catedral. Al llegar allí, ¿a que no sabéis qué? Si, niños y niñas, se nota que han prestado atención: está cerrada. Pues hala... otra cosa menos. Cabizbajos, continuamos nuestro camino hasta San Juan de Duero. Como esté cerrado también, prometo acampar en medio de la plaza del pueblo y no moverme de allí hasta... hasta... hasta que se me enfríen los pies - que no tardará mucho, seguro. Al llegar hasta San Juan de Duero parece que aquello sí está abierto; vamos a ver... Y sí, está abierto. Y como estoy tan cabreada, muestro mi carné de estudiante para ahorrarme el €uro que cuesta la entrada, ¡hala!

San Juan de Duero... ¡qué maravilla! De todas las interpretaciones que he leído, no sé con cual quedarme. Aquello es digno de visita.




Un posado, que sé que lo estabais deseando.

Entramos en la pequeña iglesia que acompaña el claustro. Es tan curiosa que nos pasamos un buen rato dentro, y hago miles de fotos a los capiteles. Me quedo extrañada, pasmada con aquello. No sé si eso es así porque sí, o realmente quisieron decir algo a quienes saben de lo que se está hablando.
















Habiendo cumplido el sueño de visitar San Juan de Duero, nos dirigimos entonces hasta San Saturio, ermita que nos recuerda a La Balma. Para llegar a San Saturio recorremos ese camino que tan bien describió Machado, pasando por San Polo y acompañados todo el rato por esos chopos tan apreciados por el poeta, y por el canto del río que, apenas sonoro, nos hace soñar.


He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
 
Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
 
¡Álamos del amor que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!


San Polo

San Saturio



Disfrutamos mucho del paseo, es una maravilla. San Saturio es curioso, porque te muestra la vida del ermitaño que, hasta hace relativamente poco, todavía vivía allí. Además, tienes unas vistas preciosas del Duero que no son para nada despreciables. Pero lo más bonito de todo es con el espectáculo que nos encontramos al terminar la visita y dirigirnos por el puente hasta la otra orilla del Duero: el atardecer, el río, y la montaña. Es pura poesía visual.
Con un frío que pela nos dirigimos de nuevo a la ciudad. Ha oscurecido y las temperaturas han bajado en picado. El viento que allí sopla, aunque suave, parece que esté hecho de cuchillas afiladas. Oímos un repicar de campanas, parece que es la catedral. Con un poco de suerte, encontraremos las puertas abiertas y podremos visitarla. Pues sí, tenemos suerte, está abierta. Nos metemos dentro y descubrimos lo que veremos durante todo el viaje: construcciones robustas, fuertotas, muy castellanas. No podemos visitar el claustro, porque está cerrado, además, habiendo caído la noche ya, tampoco veríamos nada. Nos salimos de la catedral y nos vamos otra vez hasta la calle Collado. Aquello, ahora, está muy animado. Parece que los sorianos y sorianas han salido de paseo, y llenan las terrazas de los bares.




Decidimos tomarnos unas cañas y unas tapas, porque ir a Castilla y no hacer eso es como pecado. Los torreznos no pueden faltar, porque otro pecado que cometeríamos - menos mal que soy atea. Calentado el cuerpo, decidimos ir al hotel. Se nos hace tarde, mañana nos espera un día duro ya que queremos visitar muchas cosas. Nos comemos en la pensión la tortilla de patata que ya traemos del pueblo, así ganamos tiempo. Nos acostamos pronto y ponemos el despertador a las 7. No nos hará falta; al día siguiente, alas 06:30h estaré bien despierta.


P.D: Esta entrada y las que siguen sobre este viaje se las dedico, con cariño, a +Victoria 

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