¡Hemos vuelto!


Después de meses preparando el viaje, ya hemos vuelto a casa. Hemos estado 5 días fuera y nos hemos agotado que no veas, pero a eso íbamos. Antes de empezar a poner etapas de lo que ha sido el viaje – que iremos subiendo en sucesivos días – vamos a hacer una reflexión general sobre este viaje.




Hemos ido a Soria y también a la Ribera Baja del Ebro. Soria es un destino más o menos solicitado – nos encontramos con bastante gente –, pero no así la otra parte del viaje. En Soria hay bastantes cosas que ver – no nos quedamos sólo en la capital – y muy interesantes. En la Ribera Baja del Ebro no hay tantas, pero también hay algunas de interesantes que bien merecen una visita. Pero tanto en un lugar como en otro nos hemos encontrado con algo que ya va siendo tónica general en nuestros viajes – que suelen ser más o menos inusuales –: muchos de los monumentos están cerrados en invierno. Pero lo peor de todo son las oficinas de turismo que, en una ciudad como Soria, están cerradas en periodo vacacional. Espíritu previsor el mio tuvo la gran idea de pedir información hace ya tiempo – podéis encontrarlo en este post – y fuimos allí con los deberes hechos. Si hubiéramos esperado encontrar información una vez habiendo llegado a nuestro destino, nos hubiésemos quedado sin nada – como a otras gentes les pasó. Además de esto, los horarios de apertura de los monumentos de la ciudad que teníamos, colgados en la página de turismo, no coincidían con la apertura real de los mismos y algún lugar nos quedamos sin ver – a medida que se vayan publicando las entradas veréis de cuáles se trata.

Otro tema a destacar, y que va siendo también tónica general de todo aquello que vamos viendo en estos años en este país, es lo muy descuidado que tenemos ciertos lugares. Nos pasó ya cuando fuímos a Calatayud, y a Borja. Nos pasó también en Alcañiz. Nos ha pasado en los pueblos de Soria y también los de Aragón. Ciudades como Tarazona, con una historia interesantísma detrás, se caen a pedazos por culpa de las administraciones, y también de las gentes que allí habitan – que, al fin y al cabo, son las que hacen posible un tipo u otro de administraciones. Una ciudad que podría ser maravillosa se muere de asco, y en ciertos lugares da pena pasearse y produce una gran tristeza. Así también podríamos hablar de pueblos como Calatañazor, o Rello. Preciosos ellos pero allí están, escondidos, olvidados. O, porque no hablar también de Lépida Celsa, el asentamiento romano más importantes antes de la fundación de Caesareaugusta, casi tan grande como mi pueblo, y que allí se ha quedado, una vez habilitado para su visita – como también nos pasó en Bilbilis –, lugar que casi nadie visita y, me atrevería a decir, que casi nadie conoce. Pero tenemos también el Monasterio de Rueda, espectacular, al que vamos cuatro contados, como también nos pasó en el Monasterio de Veruela – pero para ver el Ecce Hommo de Borja había una cola terrible. Hay gentes que se llenan la boca hablando de lo suyo, lo bonito que es y lo especial que es por eso, por ser suyo. Pero después, esas mismas gentes lo dejan olvidado, abandonado, porque hablar es fácil; actuar ya es otra cosa.

Se me pasan muchisimas cosas por la cabeza, que poco tienen que ver con el hecho de viajar, por eso voy a dejarlas para otros foros más adecuados, aún así, no quería no escribir esto, porque lo veo necesario. No todo el mundo que me lee aquí me conoce, y pocos saben como soy. No me siento especial por ser de ningún lugar, ni entiendo que esos lugares sean especiales porque yo esté en ellos, pero no por ello voy a permitir que el patrimonio cultural del ser humano – ya sean casas, lenguas o castillos abandonados – caigan en el olvido y desaparezcan para siempre. Barrios históricos se pierden porque hay muchos que tienen intereses allí mismo o en otros lugares, como el Cabanyal en València – otro día podríamos hablar de que no solo es la CAC, el photocall más caro de la historia – se van perdiendo poco a poco y van desapareciendo. Deberíamos reflexionar un poco más sobre qué es lo que tenemos y qué quermos tener – y no nos quedemos solo en el patrimonio cultural, fijémosnos también en lo que sucede con nuestros derechos...

Pero bien, que yo no quiero echar broncas a nadie, sino sólo hacer pensar un poquito a todas las gentes – me incluyo – y, ya que todo el mundo hace propósitos de año nuevo y esas cosas, tal vez este nos podamos proponer entre todos dejar de autodestruirnos – en todos los ámbitos. Así que, queriendo decir también que este viaje ha sido maravilloso y hemos descubierto lugares fantásticos y vivido experiencias extraordinaras, os emplazamos a leernos en próximas entradas y así poder descubrir con nosotros lo que hemos ido descubirendo, no sin antes desearos:


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