Pirineos Tour - Regreso a casa con alegría

Se acaba nuestro tiempo en los Pirineos - de momento - y debemos emprender el camino de regreso a casa. Como siempre hacemos, intentamos aprovechar al máximo lo que el camino de vuelta nos ofrece, y esta vez será mucho más de lo que nunca habríamos imaginado.

Gerri de la Sal




Antes que nada nos dirigimos hasta la Oficina de Turismo de Sort para obtener información de los lugares para ver en lo que nos quedan de Pallars Sobirà. La OT se encuentra en el margen derecho del río - viniendo desde Vielha - en un edificio grande, en la segunda planta. Allí tienen muchísima información y el chico que nos atiende nos hace una verdadera clase magistral de sitios a visitar más allá del Pallars Sobirà - desde aquí queremos darle las gracias.

Durante todo el viaje disfrutamos de unos paisajes de ensueño, con una gama de colores impresionante: parece que estemos en un cuadro. Pero es que ahora de nuevo volvemos a sorprendernos con tanta belleza paisajística. Nos gustaría poderos describir el color del agua que por esos lares transita pero se nos hace imposible. Podríamos deciros que es turquesa, pero deberíamos añadir que en algún momento se torna esmeralda, aunque a veces el sol refleja tanto su luz que el río se vuelve de color plata. Tal vez deberíamos, también, describiros el verde de las montañas, pero hay tantos verdes en ese verde que no conocemos el nombre de todos, verdes que se tornan grises, y otros son puro oro. Y entre tanta maravilla llegamos a Gerri de la Sal, un pequeño pueblo que se encuentra todavía en el Pallars Sobirà a poco más de 10 kilómetros de Sort.

En este pueblo podemos contemplar el puente románico - en la primera imagen del post - que une la parte baja de la localidad con la otra orilla del río Noguera Pallaresa en el que encontramos el Monestir de Santa Maria del s. XII. 

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Desde este punto puede divisarse el pueblo a la otra orilla colgado sobre el río, conviviendo con el agua. Una imagen casi poética.

Cuatro kilómetros más arriba de Gerri de la Sal, y tras muchas curvas cerradas, se esconde Peramea, otra de las denominadas villes closes - como Escaló - que para nuestra sorpresa mantiene maravillosamente conservado el trazado medieval. Al adentrarte en sus calles puedes apreciar su belleza empedrada, sus arcos rojizos y sus calles floridas y empinadas. Dicen que en los alrededores de la villa hay un dolmen, pero somos incapaces de encontrarlo ¡Ah! Peramea es Bien de Interés Cultural.


Seguimos las indicaciones que nos han dado en la OT de Sort y vamos ahora hasta Salàs de Pallars, dejando atrás el Pallars Sobirà y adentrándonos en el Jussà. 



El nombre nos suena y, al llegar, nos damos cuenta que es uno de los pueblos que aparecen en El Foraster, un programa de TV3. Empezamos a caminar y vamos dándonos cuenta de donde nos encontramos. Salàs es también villa closa - qué suerte estamos teniendo - y mantiene porches, arcos y torres en sus calles. Pero además, Salàs tiene algo muy curioso: se mantiene tal y como estaban a finales del s. XIX e inicio del s. XX las tiendas de época. En la localidad existe un centro de interpretación de estas tiendas [consultar horarios] que nosotros no pudimos visitar por estar cerrados. Aún así, caminar por Salàs de Pallars era como estar inmerso en dos épocas históricas a la vez: la Edad Media y los Felices Años Veinte.


Seguimos caminando y casi a las puertas del lugar nos encontramos con El Salón, antigua sala de espectáculos en la que, dicen, venían gentes de toda Catalunya para disfrutar de sus pases picantones. Algunos comentan que las juergas que allí se montaban eran mejores que las de El Molino. Sea como fuere, hoy por hoy se utiliza para rememorar la Fira del Peu Rodó que antiguamente se celebraba en la localidad.


Abandonamos Salàs de Pallars con un gran sabor de boca; creíamos que en esta viaje regresaríamos pronto a casa, pero nos empezamos a dar cuenta que no va a ser así. Y eso nos gusta.

Nuestra siguiente Parada es Àger - ya hemos comido algo en Tremp -, una de esas localidades en las que te pierdes por sus calles, literalmente y muy a gusto. Este lugar es importante por varias cosas: su observatorio astronómico y su colegiata de San Pedro. Si no podéis visitar ni lo uno ni lo otro - como nos pasa a nosotros - debéis obligatoriamente pasear por las calles de piedra con múltiples arcos que te conducen a múltiples calles. Una Maravilla - en mayúscula.


Debemos, ahora sí, irnos a casa y de Àger a Balaguer se nos presenta ante nosotros un valle ondulado pintado de todos los tonos posibles del color verde. Es una delicia de paisaje, abrumadora, que te hace feliz con solo mirarlo. Sin darnos cuenta, detrás de una curva aparece un edificio inesperado: resulta ser el Monestir de les Avellanes ¡Carámbanos! Sin pensarlo dos veces aparcamos y vamos a ver de qué se trata.


Vemos la puerta abierta y la cruzamos, llegando a parar a un claustro románico, centro de lo que hoy es una hospedería, con doble columna y arcos de medio punto. Otra sorpresa más para apuntar en nuestra libreta de viajeros que nos brinda estas magníficas tierras de Lleida. De nuevo, se nos ha hecho tarde pero... ¡qué más da! Nos encanta que así sea.


Y aquí concluye nuestra aventura pirenaica de  4 días. Podéis copiarla, difundirla o machacarla, como más os guste. Nosotros estaremos encantados, siempre.

¡Disfrutad del camino! 

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