Berlín Toma V: Sachsenhausen y Karl Marx Alle

Miércoles. Hoy llega uno de los puntos fuertes de nuestro viaje: la visita al campo de concentración de Sachsenhausen, en la localidad de Oranienburg, a las afueras de Berlín. Además, aprovecharemos para visitar una de las calles más curiosas de la ciudad, la Karl Marx Alle.



Antes de llegar a Berlín teníamos pensado visitar dos lugares que no se encontraban en la ciudad: Postdam y el lugar conmemorativo y Museo Sachsenhausen. Tan sólo empezar a descubrir la ciudad nos damos cuenta que Postdam se cae de la lista, ya que Berlín nos ofrece muchas más cosas de las que pensábamos, por lo que no vamos a desplazarnos. Y, ¿qué hacemos con Sachsenhausen? Antes de subir al avión era uno de los sitios marcados en grande para ver, pero después de nuestra visita al Reichstag se convierte en prioritario: sentimos la imperiosa necesidad de ir hasta Oranienburg y al que fue – o quiso ser – el campo de concentración modelo del nazismo.


Como las demás mañanas, bajamos hasta la estación de metro, esta vez no sólo para comprar nuestro desayuno, sino también para coger el transporte que nos lleve hasta Oranienburg. Esta localidad se encuentra en las afueras de Berlín, por lo que debemos comprar un billete de tres zonas – Zona C – que cuesta 3.30€ por viaje. Así, debemos coger cualquier línea de metro que nos permita hacer transbordo hasta tomar el S1 que nos lleve hasta nuestro destino. El viaje dura unos 40', así que tomároslo con calma y disfrutad del camino.

La gran parte de gente que vamos en el tren somos turistas que queremos visitar lo que fue antaño un campo de concentración y es hoy en día un Lugar Conmemorativo y Museo que muestra a todos aquellos quienes quieran visitarlo – de entrada gratuita – cómo “vivían” (por decir algo) los recluidos en los campos de concentración.

Una vez llegados a Oranienburg tenemos dos opciones para llegar al campo de concentración: o bien coger un autobús que pasa regularmente y te deja en la misma puerta, o bien ir andando. Nuestra elección es la segunda: vamos a ir andando hasta Sachenhausen. Cogemos la calle misma de la estación de tren y caminamos hasta el final, cuando nos encontramos con un cruce de caminos y varias señales. Leemos el cartel y vamos hacia la izquierda, mientras hablamos y comentamos los días anteriores y qué esperamos ver en nuestra visita de hoy. A medida que vamos caminando nos damos cuenta que nos adentramos en la ciudad y nos parece interesante, por lo que decidimos en ese momento visitarla más tarde. Seguimos caminando y cuando pasamos un puente que nos permite cruzar el río comenzamos a mosquearnos: ¿nos habremos equivocado de camino? Vemos, entonces, la oficina de turismo, así que entramos y preguntamos: Where is Sachsenhausen? La señora, muy amablemente, nos saca un mapa y nos señala el camino; ¡Vaya! Hemos cogido la otra dirección. Pues nada... salimos del lugar y deshacemos lo andado.

Llegamos a la misma intersección que antes y nos damos cuenta que hemos leído mal, así que empezamos a andar y vamos siguiendo las señales, esta vez prestando más atención – y mapa en mano, claro. El lugar, en realidad, no tiene pérdida: tras salir de la estacion tomamos la Bernauer Strasse hacia la derecha, después debemos torcer a la izquierda, en Strasse der Einheit; finalmente, torcemos a la derecha, otra vez, en Strasse der Nationen, desde la que podemos divisar ya Sachsenhausen. Caminamos los pocos metros que hasta allí nos quedan y, al llegar, nos quedamos paralizados.



El día es gris – estamos a finales de enero – y hace bastante frío. Sachenhausen se encuentra a las afueras de Oranienburg y está rodeado por un muro gris, desangelado, triste. Lo cruzamos y entramos en la recepción. Allí nos hacemos con un mapa y una audioguía3 € -, para lo cual debemos dejar un documento como depósito – dejo mi DNI – que nos será devuelto al hacer lo mismo con el audioguía. Seguimos las flechas y nos disponemos a empezar nuestra visita.

Al salir del centro de información al visitante – lo que anteriormente fue una armería – nos encontramos con la maqueta de lo que fue el Campo de Concentración de Sachenshausen en sus inicios, como fue evolucionando a lo largo de los años y lo como evoluciona hasta convertirse en el Monumento Conmemorativo Nacional en 1961. Antes de darle al play a la audioguía dejamos que un grupo de estudiantes alemanes termine de escuchar al profesor que les esta explicando – suponemos – qué significó aquello para las gentes que allí estuvieron retenidas.




El campo de concentración en el que nos encontramos fue construido en el verano de 1936 a manos, sobre todo, de prisioneros de los campos de Emsland. Este campo fue el primero construido después de ser Heinrich Himmler, caudillo (Reichsführer) de las SS, nombrado jefe de la Policía alemana en julio del mismo año.

Este campo fue ideado por un arquietecto de las SS como campo modelo, ya que debía plasmar arquitectónicamente el mundo del nacionalsocialismo y someter a los prisioneros de forma simbólica bajo el poder absoluto de las SS. Este campo de concentración era especial, además, por el hecho de ser muy cercano a la capital del Reich, Berlín, y porque, además, servía como campo de entrenamiento para su personal.
A partir de 1938 el campo de concentración de Sachenhausen se hizo más importante al ser trasladada la administración de todos los campos de concentración en territorio alemán de Berlín a Oranienburg.
Tras la guerra y la liberación de Europa del dominio nazi, en agosto de 1945, el servicio secreto soviético (NKWD) trasladó el campo especial Nr. 7 al centro del antiguo campo de concentración de Sachenhausen. La mayoría de los edificios siguieron utilizándose – a excepción del crematorio y las instalaciones de exterminio. Quienes fueron encerrados ahora en el campo de concentración, ya en manos soviéticas, fueron principalmente funcionarios de bajo rango del régimen nazi, así como también perseguidos políticos, personas detenidas arbitrariamente y coondenados por tribunales militares soviéticos. A partir del año 1948 Sachenhausen se convirtió en el campo especial Nr. 1, el mayor de los campos especiales en zona de ocupación soviética, y fue desmantelado en el año 1950.
Durante el dominio nazi hubo más de 200.000 personas recluidas en el campo de concentración de Sachenhausen; durante el dominio soviético fueron 60.000 los prisioneros que hubo en el mismo lugar. Muchos de los prisioneros en época nazi murireon por enfermad, trabajos forzados, malos tratos y hambre, además de ser víctimas de los operativos de exterminio sistématico de las SS. En las Marchas de la Muerte, tras la evacuación del campo a finales de abril de 1945, murieron miles de prisioneros. Durante los años de dominio soviético, en el campo murieron más de 12.000 prisioneros a causa de enfermedades y desnutrición.


La bofetada es fuerte al empezar a comprender lo que aquello significaba para los nazis: somos más y más fuertes, y somos mejores. Allí no sólo había un campo de concentración en el que metían a personas, sino que ademas había un verdadero pueblo nazi, con casitas para las familias nazis y lugares de entretenimento para los niños de esas familias. En ese momento nos recuerda bastante a lo que se cuenta en el libro El niño con el pijama de rayas, en el que el protagonista ve desde su casa el humo que sale desde aquellas chimeneas cercanas.

Tomamos la Lagerstrasse, o calle principal del campo, y enchufamos el audioguía otra vez: por esta calle ingresaban los prisioneros al campo y separaba la zona de Comandancia y de los prisioneros del área que ocupaban las tropas de las SS. Por esa calle eran obligados a caminar los detenidos, de forma que eran vejados y maltratados por las gentes que allí se agolpaban, siendo muchas veces esta escena repetida con anterioridad desde la estación de tren hasta Sachenhausen. Recorrer los metros de la Lagerstrasse es algo que se nos hace duro porque se toma consciencia allí de lo que antaño pasaba, y una se siente impotente, rabiosa y triste a la vez. No hay nada que hacer ya, pero aquello estuvo allí, y eso nadie puede remediarlo, por muchos años que pasen.



Llegamos finalmente a la entrada a la comandancia y al campo de prisioneros, lugar en el que empieza la visita al campo de concentración. Allí mismo hay un museo que pensamos visitar después del campo, y nos dirigimos a la entrada al campo de prisioneros “Torre A”. En ella, en la reja que separa el mundo del infierno, vemos la famosa frase Arbeit Macht Frei (El trabajo os hará libres) y un escalofrío recorre nuestros cuerpos. Todo aquello de lo que tantas veces has escuchado hablar, leído o visto en miles de lugares pasaba justamente allí, donde ahora tú estás, y eso es duro, muy duro.



Continuamos escuchando lo que nos cuenta el audioguía y vamos siguiendo el itinerario. En el campo quedan pocos barracones, y el descampado que ahora tenemos ante nosotros es el recuerdo del horror. Un horror que fue premeditado y muy calculado; a nuestra derecha vemos las instalaciones de seguridad, que estaban compuestas por una franja de la muerte, una alambrada eléctrica y el muro del campo. Estaban ahí por si los presos decidían escapar, había quien lo intentaba; había otros que iban corriendo hasta allí porque sabían que aquello era muerte segura: o bien por la alambrada, bien por los tiros de los guardias que se encontraban en la Torre A. Fuera como fuera, buscaban la forma de desaparecer, y allí la encontraban.




Vamos ahora hasta los dos bararcones que todavía hay en pie, el barracón 38 y el barracón 39. En el barracón 38 encontramos una reproducción de la vida de los prisioneros judiós en el campo de concentración de Sachenhausen. Este barracón tuvo que ser reconstruido ya que en el año 1992 fue parcialmente destruido por un incendio llevado a cabo por personas con ideología antisemita. En el barracón 39 podemos ver la vida cotidiana de los prisioneros de Sachenhausen.



En ambos barracones podemos encontrar las letrinas y los lugares de ducha: una especie de fuentes en las que salía el agua, helada, y en la que todos los prisioneros debían lavarse a la vez en 10 minutos. Vemos, también, las literas en las que “descansaban” los condenados, en las camas de las cuales dormían hasta 3 prisioneros. También hay un habitáculo en el que metían a prisioneros desobedientes a modo de castigo si no seguían las normas del barracón.






Más adelante vemos las celdas de castigo. No sabemos qué pensar al conocer que en un campo de concentración, en una prisión, hay todavía otra prisión. Entramos en la celda y hace mucho más frió allí dentro que fuera. Esas celdas era un lugar misterioso donde se torturaba y se mataba, y se encerraba a prisioneros especialmente importantes. En algunas celdas podemos encontrar ramos de flores que recuerdan a los que allí murieron. Horrible.



Después de esto yo, Marina, dejo de escuchar el audioguía, no puedo soportarlo más. Me dedico a pasear por allí e intentar comprender, sin conseguirlo.



Seguimos con la visita, pero yo ya vago como alma en pena. Nos dirigimos ahora hasta el centro del campo, donde estaba la cocina de los prisioneros, en el que hoy en día hay una exposición y una sala en la que se proyecta una película de 20' explicando la relación entre Sachenhausen y los acontecimientos históricos acaecidos entre los años 1933 y 1945.

De ahí nos subimos a una de las torres de vigilancia que hay en el vértice del campo de concentración, desde la cual podemos divisar absolutamente todos los ángulos de Sachenhausen. Y de la torre al campo especial soviético para que la mala leche acabe de subirnos a la cabeza.



Llevamos ya más de dos horas de visita, son casi las tres de la tarde, pero todavía nos queda casi la mitad de campo por visitar, así que, otra vez – y como viene siendo tónica general en nuestra estancia berlinesa – debemos acelerar el paso. Tras el monumento soviético, en el centro del campo, nos metemos en la fosa de afusilamiento, descendemos la rampa y percibimos un olor a ceniza que sabemos que pertenece a personas. Espeluznante. Escalofriante.



Al lado mismo tenemos el monumento en memoria de las víctimas. Está lloviznando. Algunas lágrimas resbalan por nuestra mejilla. Demasiadas emociones, y demasiado fuertes.



Podemos ver también el lugar del primer crematorio, los barracones destinados a enfermería y la sala de autopsias con depósito de cadáveres.




Llegamos así al final de la visita y salimos de allí afligidos. Devolvemos el audioguía y salimos de Sachenhausen muy afectados, ha sido una visita muy dura, y muy larga.

Después de comprar provisiones en un supermercado tomamos el tren de retorno a Berlín para dar un paseo por Karl Marx Alle, una avenida construida por el comunismo que fue llamada en sus inicios Stalinalle, pero todos conocemos la historia de Stalin así que los alemanes, afortunadamente, le cambiaron el nombre a la calle.

Si algo tiene de particular esta avenida es su arquitectura. Los edificios fueron diseñados por el arquitecto Herman Henselman en la década de los cincuenta en estilo estalinista. Esto quiere decir que eran pequeños apartamentos par la clase trabajadora que tenían todos una estética parecida, sin demasiados lujos ni muchas diferencias entre ellos.



Cuando bajamos del metro vemos una avenida amplia, de las más amplias de Berlín, con edificios de un color grisaceo – o eso intuimos, porque ya es de noche – y una latura mediana, llenos de pequeñas ventanas y grandes columnas en su exterior. Comenzamos a andar y vemos que aquello que fue la avenida por excelencia de la Berlín comunista se ha convertido hoy en día en un barrio muy vivo. Los edificios han sido rehabilitados y ocupados por gente joven, y las calles están repletas de bares y tiendas.



El paseo es agradable y llegamos casi al final de la calle, cuando Karl Marx Alle se junto con Alexanderplatz, y vemos el Kino International y el Moskou Restaurant. Este tipo de arquitectura es nueva para nosotros, pero no nos desagrada del todo.





Después de esto el día llega casi a su fin, y esta será la última noche que pasemos en Berlín – de momento –, así que decidimos ir a cenar cerca del hotel. Al día siguiente tenemos aún toda la mañana y nos han quedado algunas cosas pendientes, pero eso ya os lo contamos en otra entrada.

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