Tres ciudades catalanas encantadoras (y ninguna de ellas es Barcelona)

Que Catalunya tiene ciudades maravillosas todos lo sabemos. Que Barcelona es una de las ciudades más alucinantes de Europa - y del mundo - también lo sabemos. Pero, ¿qué pasa con aquéllos lugares que no son los más codiciados por turistas y viajeros? ¿Qué pasa con esas ciudades y pueblos que se encuentran en segundo lugar, o tercero, o cuarto...? De ellas queremos hablaros hoy, y vamos a centrarnos en tres ciudades catalanas con mucho encanto que seguro satisfacen vuestra hambre viajera.


Girona


Girona no es una ciudad menor culturalmente hablando. Tampoco lo es en su vertiente histórica ni arquitectónica. Girona es una ciudad moderna que mantiene, en su núcleo histórico, todo el carácter de villa medieval amurallada, ¡y de qué manera!

A esta ciudad catalana llegamos después de haber pasado la mañana en el Lago de Banyoles y habernos ido a comer a la sombra de Castellfolit de la Roca. Fuimos a Girona porque yo recordaba, de un concierto en el que actué hace ya algunos - muchos - años, que era una ciudad coqueta y que tenía cosas para ver. Como tampoco teníamos demasiado planeado, aparcamos en la zona azul cercana al río y a la oficina de turismo, por lo que teníamos nuestro tiempo limitado, un par de horas, para visitar la ciudad. Sinceramente, creíamos que sería más que suficiente. Ilusos...



Resulta que dos horas no son suficientes para callejear el casco histórico de Girona tranquilamente, y ni digamos el tiempo que se necesita para visitar sus monumentos. Para empezar, debemos pararnos ante el Onyar y las casas que se suspenden sobre él coloridas y vigilantes, como una especie de barrera o protección del tesoro que guarda su casco histórico, porque su casco histórico es esto: un tesoro.



Lo primero - y más urgente - que debemos hacer si disponemos de poco tiempo para visitar la ciudad de Girona es adentrarnos en sus calles y disponernos a pasear, siguiendo siempre el camino cuesta arriba que nos acabará transportando hasta la imponente Catedral de Santa Maria, de fachada barroca impresionante a la que llegamos mediante una escalinata concluida en el año 1690 y que cuenta con 90 escalones y muros de contención que la aíslan de las casas vecinas y rellenan casi toda la plaza. No debemos pasar por alto, en la plaza de la Catedral, edificios como el de la Pia Almoina, actualmente Colegio de Arquitectos, o la Casa Pastors, caserón barroco que alberga hoy el Palacio de Justicia.


Una vez estemos delante de esa magnánima fachada, debemos rodear la construcción - a falta de tiempo para visitarla - y deleitarnos con la belleza de la fachada lateral y empezar a ser conscientes de tamaña proeza arquitectónica.


Una vez estemos en lo alto de la plaza debemos continuar nuestro camino hasta los bellos Jardines de la Francesa, desde los cuales tenemos una perspectiva increíble de la catedral, pudiendo ver cimientos y tejado a la vez. Desde ahí podemos continuar nuestro camino y acercarnos hasta la Iglesia de Sant Feliu, la iglesia más antigua de Girona. No debemos pasar por alto la Capella de Sant Nicolau ni tampoco Sant Pere de Galligants, y aprovechar los jardines y el paseo arqueológico, recorriéndonos toda la muralla y disfrutando de una panorámica impresionante de la ciudad de Girona.



Tarragona


Hablar de Tarragona es hablar de historia, de largos años de historia, reunidos todos en una pequeña ciudad a orillas del Mar Mediterráneo. A Tarragona fuimos un mes de julio de 2015 y nos pusimos a pasear por sus calles bajo un sol de justicia. Lo primero que encontramos en Tarragona fue su núcleo histórico, si es que podemos hablar de ello en una ciudad en la que hay un conjunto arqueológico diseminado declarado Patrimonio de la Humanidad. Pero entrar por su muralla y dirigirse hasta la catedral es una verdadera delicia. De hecho, es obligatorio un paseo por las calles tortuosas y estrechas de esta magnífica ciudad.


Pero es obligatorio también dirigirse hasta la Plaza del Pallol para poder disfrutar de la magnífica Maqueta de la Tarraco romana, que se encuentra en el Museo de Historia de Tarragona, y nos muestra la ciudad e Tarraco en la época de su máximo apogeo (siglo II d. de C.). Además, en esta plaza encontramos también edificios fantásticos que le confieren al lugar un aire antiguo precioso.

Se ha asustado un poco...

Otra de las cosas que debemos hacer en Tarragona, si la visitamos en  domingo, es elegir ya que por la tarde muchos de los monumentos están cerrados. Así, nuestra elección fue la siguiente: visitar las murallas y el Paseo Arqueológico [link aquí]. La muralla data del s. II a de C. de la cual se conservan 1.100 de los 3.500 m originales. Siguiendo este paseo arqueológico podemos observar los diferentes lienzos de la muralla perfectamente conservado, seis poternas y una puerta de acceso al tráfico rodado. Además, se conservan tres torres, la del Arzobispo, con reformas medievales, y la de Minerva, que contiene la escultura y la inscripción romana más antiguas de la Península Ibérica. Pero es que además el paseo se convierte en una actividad deliciosa y que nos puede ocupar casi dos horas y que seguro que os va a encantar [precios y horarios aquí].



Para terminar nuestra ruta romana, un imprescindible de Tarragona, aunque sean muchos más los lugares para visitar, ya que la visita requiere más que un día de domingo. Os estamos hablando, obviamente, del Anfiteatro [más información aquí], edificio para espectáculos de luchas de fieras, de gladiadores y también para realizar ejecuciones públicas. El Anfiteatro de Tarraco es una maravilla frente al Mediterráneo, construido a principios del siglo II d. de C. y reformado en el año 221. Si queremos visitarlo, debemos tener en cuenta los horarios y precios [ aquí ], pero podemos contemplarlo también desde el exterior, con unas vistas que no son para nada desmerecedoras. 


Si disponéis de mucho más tiempo, podéis seguir la ruta romana que os propone la oficina de turismo de la ciudad.


Vic


Vic es una ciudad que conocíamos porque en ella se hacen muchos y muy buenos embutidos, y porque alguna que otra vez hemos visto por la televisión imágenes de una plaza que parece enorme y preciosa, pero poco más. Así, al volver de nuestra ruta por la Costa Brava y viendo que Vic nos entraba perfectamente en la ruta decidimos visitarla.

Otra vez, y haciendo caso a nuestra ignorancia, decidimos aparcar en la zona azul de la ciudad ya que íbamos a ver la plaza y poco más. Y de nuevo, cometimos un gran error. La plaza es grandiosa, alucinante, con portales y soportales y casas de apariencia austera pero muy elegantes. En la misma Plaza Mayor encontramos la Oficina de Turismo, lugar al que debemos ir obligatoriamente si vivimos en la ignorancia como nosotros lo hacemos. En la oficina de turismo descubriremos que en la ciudad existen varias rutas, y que todas ellas están marcadas de forma clarísima con señales en el suelo de sus calles. Así, solo tenemos que elegir la ruta y dejarnos guiar. 


Entre otros tesoros, Vic alberga el campanario románico más alto de Catalunya, que convive con la catedral neoclásica, de un interior impresionante, y también con el claustro gótico del s. XIV. [más info aquí].


Otro de los lugares sorprendentes de Vic, y que no esperábamos encontrar en esta ciudad catalana, es un templo romano del s. II que es hoy sala de exposiciones.


Pero lo bueno de Vic es que es una ciudad pequeña llena de edificios góticos y barrocos, que dibujan calles estrechas y sombrías que le dan un carácter misterioso pero acogedor al a vez. Sin duda, parar en Vic fue una buena idea; no lo fue tanto tener solo dos horas para visitarla...


Con Vic terminamos nuestra propuesta de tres ciudades catalanas encantadoras que nos ofrecen mucho más de lo que esperábamos. Os animamos a hacerlo, seguro que no os defraudarán.

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