Montfalcó Murallat

Una señal de carretera marrón de camino a la Costa Brava se convierte, de regreso a casa, en una experiencia increíble. Hoy queremos visitar junto a vosotros uno de los lugares más alucinantes en los que hemos estado últimamente: Montfalcó Murallat.


Son pocas las veces que solemos obviar señales marrones cuando salimos de viaje, pero esta vez no hacemos caso a la que vemos de camino a Lloret de Mar, así que pasamos de largo porque son algunos los kilómetros que todavía nos quedan hasta nuestro destino. De regreso a casa, tras pasar cuatro días fantásticos en la Costa Brava, y ya haciéndose de noche, vemos en lo alto de un promontorio una especie de construcción, a lo lejos, que no sabemos bien si es fortaleza, castillo, monasterio o simplemente un montón de casas apiñadas.



A medida que vamos acercándonos nos damos cuenta de que allí hay algo especial, y recordamos que se trata de aquello que habíamos visto de camino a nuestro viaje, y es entonces cuando decidimos modificar nuestra ruta e intentar llegar hasta él. Acabamos consiguiéndolo, pero para ello debemos transitar por un camino bastante complicado aunque, y más allá de los tópicos, el esfuerzo vale la pena.

Montfalcó Murallat pertenece al pueblo de Oluges y su conjunto arquitectónico ha sido declarado bien cultural de interés nacional. Construido entre los siglos XI y XIII se trata de un recinto cerrado y amurallado en el que destaca de forma admirable el buen estado de conservación de las murallas y de las casas que a ellas están adheridas, dándole ese aspecto de vila closa tan característica. Hasta que no te metes de lleno en el lugar, y si no sabes bien con qué te vas a encontrar – y como era nuestro caso – no eres capaz de comprender la importancia de ese sitio, pero una vez cruzas esos muros altísimos de más de 8 metros, con una anchura que superan los 2 metros y traspasas el portal de acceso con arcos de medio punto dices... ¡ostras! Si además, cuando llegas, está anocheciendo y empiezan a encenderse las luces de la vila la visita se convierte en algo todavía más fascinante.



La puerta te guía directamente a un patio cuadrangular, para llevarte hasta el centro neurálgico de Montfalcó, una plaza con porches y que alberga una cisterna comunal. Las casas de esta plaza tienen una construcción bastante regular y armónica; no así el resto de viviendas que conforman la villa diseñando los pequeños callejones que nacen a partir de la única calle que existe,  confiriéndole al lugar aspecto de laberinto. Caminando por uno de estos callejones llegamos a lo que era el horno comunal, donde todo el mundo iba a cocer el pan. Por pequeño que sea el sitio, debemos andar y desandar sobre nuestros pasos ya que algunos de los callejones no tienen salida, pero eso da igual porque estamos siempre acompañados por bellas construcciones de piedra, arcos que unen viviendas, antiguas puertas y viejas casas altísimas que te hacen olvidar que aquello son, en realidad, murallas.



Montfalcó tiene forma alargada, y en uno de los extremos – el derecho situándote en la entrada – encontramos lo que fue el antiguo castillo, que hoy alberga algunas casas, y lo que es todavía en la actualidad iglesia, la de Sant Pere de Montfalcó Murallat, de estilo románico y gótico, construida entre los siglos XII-XVI. Por la noche es difícil entender dónde termina el antiguo castillo, dónde empieza la iglesia y qué son casas y muralla. Un verdadero puzle arquitectónico que a oscuras es difícil de reconstruir.




Son muchas cosas las que nos sorprenden de Montfalcó Murallat, pero la principal es el buen estado de conservación de todo el recinto, y como transmite esa sensación de pueblo dentro de murallas tan característico de épocas pasadas. Además, su posición estratégica sobre el río Sió hace que desde allí se tenga una panorámica increíble de todo el valle, panorámica que se vuelve mucho más atractiva cuando el ocaso te regala imágenes fantásticas como la que sigue.



Además, en Montfalcó, tenemos oportunidad de descubrir que existe una ruta de llamada “La ruta dels castells del Sió de la Segarra” [enlace aquí] que, obviamente, ya tenemos apuntada en nuestro cuaderno de futuras escapadas.

La "Ruta dels Castells"



Detenerse en Motfalcó, a nuestro juicio, está más que justificado. Aunque el lugar sea pequeño – muy pequeño –, es un lugar increíblemente fantástico. El tamaño no importa en esta pequeña villa, su buen estado de conservación nos permite viajar en el tiempo rápidamente y nos ayuda a hacernos una idea de cómo era la vida de las gentes que, años ha, debían fortificar sus casas para vivir un poco más tranquilos entre tanta lucha territorial.

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