#LPTVIncógnitaTourII: Nuestra experiencia en Paradores

Con este post vamos a salirnos de la norma; vamos a desprestigiar, incluso, el nombre del blog. Vamos a echarlo por tierra y pisotearlo rabiosamente para hablaros de la que ha sido nuestra experiencia alojándonos en Paradores. Y sí, no se os ocurra pensar mal, nos lo hemos pagado nosotros.

Puesta de sol desde el Parador de Ciudad Rodrigo

Todo empezó el día en que Juanjo y una servidora se envalentonaron y dijeron: cuando cumplamos los 30 vamos a hacer el Camino de Santiago. La promesa siguió en pie hasta el día en que nuestras responsabilidades crecieron hasta niveles insospechados. No, no se trata de hijos... se trata de otros asuntos que no es preciso comentar aquí. La cuestión es que la idea de hacer el Camino de Santiago se iba al garete porque se necesita, al menos, un mes para ello y, hoy por hoy, no disponemos de tanto tiempo. Pues vaya gracia...¡qué ilusión! Así que nada, ni Camino ni Camina – madre style -, parece que vamos a cumplir los 30 en casa... Pero no,  la fecha en la que Marina cumple los 30 años se acerca igualmente y resulta que, sin ella tener idea, va a cambiar de década en Berlín – contamos la aventura en este blog. Y como en eso de cumplir años nadie se salva – mal iríamos – llega el turno de Juanjo y, ¿dónde lo celebramos? Marina decide, de forma unilateral y secreta, que Juanjo cumpla, señoras y señores, los 30 en sendos Paradores – sí, la cara de Juanjo también fue un poema, como la de los que nos estáis leyendo en estos momentos.


Parador de Trujillo

Y, ¿por qué Paradores? Pues porque es algo que a él siempre le había hecho ilusión, básicamente. Pero no debían ser Paradores porque sí, debían ser algo más, así que nos alojamos en Trujillo y Ciudad Rodrigo, o lo que es lo mismo, en un monasterio y un castillo.


Yo para ser feliz quiero un castillo

Y ahora a lo que vamos, nuestra experiencia en estos hoteles.

La verdad es que no nos fue mal, es decir, que nos gustó. Pues claro, diréis. Sí, no se puede comparar con nada de lo que hacemos normalmente porque ya sabéis que intentamos siempre buscar alojamiento que sea lo más económico posible y éste, obviamente, no lo es. Pero si buscas con tiempo puede no salirte tan caro, y eso es lo que hicimos – hice, vamos –: buscar el alojamiento con antelación. Además, descubrí que si eres amigo de Paradores tienes algunas ventajas que pueden ser interesantes, por lo que me hice amiga inmediatamente para poder disfrutar de ellas. Esto no tiene ningún secreto, solo debes inscribirte y te mandan una tarjeta virtual con un número que es tu identificador. En el momento en que haces la reserva te preguntan tu número de amigo y puedes acceder a las ofertas, que en este caso era una que se llamaba algo así como “dos mejor que una”, con la que si te alojabas dos noches seguidas en el mismo parador, te invitaban al desayuno – cuesta unos 20 euros y pico por noche. Además, por el hecho de hacerte amigo el primer desayuno te lo regalan – o reembolsan en este caso – y a tu llegada te invitan a una bebida, detalle que no está mal.

La entrada a nuestra habitación en Trujillo

La estancia en estos hoteles es muy cómoda, ya que no escuchas a vecinos, ni arriba ni abajo, son muy amables con el trato y los edificios son fantásticos y con mucha historia, que es lo que nos interesa a nosotros. Por lo que respecta a la habitación, la de Trujillo era una pasada – casi más grande que el piso donde vivimos – y creíamos a la llegada que se habían equivocado y nos habían dado una suite o algo por el estilo. La de Ciudad Rodrigo era también fantástica, pero después de lo de Trujillo era muy difícil superarlo. El desayuno, abundante y muy bueno, con productos de calidad y variados. Tan bueno era que ninguno de los 4 días comimos – y justo cenamos – de todo lo que tragamos por la mañana. Con esto se puede demostrar que hay una clara diferencia entre comer patatas fritas y hartarte de quesos, jamón, salmón, bollería deliciosa, tortilla de patatas y tantas y tantas cosas que pudimos comer. Sí, valió la pena coger la opción de desayuno, sin ningún tipo de duda.


Normalmente no desayunamos así...

Por lo que respecta a los edificios, el parador de Trujillo se encuentra en un convento del s. XVI, el de Santa Clara, precioso y muy acogedor. El claustro es la terraza del bar y se está realmente bien, además de estar decorado con mucho gusto y delicadeza. Tiene también piscina que, con los calores extremeños de junio, se agradece un montón. El parador de Ciudad Rodrigo, por su parte se encuentra en el castillo de Enrique II de Trastámara y está decorado con muebles que recuerdan a la Edad Media, incluyendo armaduras y cosas parecidas. La entrada al parador, teniendo en cuenta nuestras preferencias, es alucinante – ya sabéis lo que nos gustan este tipo de cosas – y también el recibidor, así como el salón comedor o el bar, muy al estilo medieval.


El hall del Parador de Ciudad Rodrigo

Es verdad que si quieres alojarte en conventos, castillos o monasterios, tienes muchas opciones en el mercado – de hecho, no es nuestra primera vez en edificios singulares [en este link un ejemplo]-, algunas más económicas y otras que no lo son tanto. Escogí esta opción por ser el término medio – vamos a hacerle caso a Aristóteles – y, realmente, no fue una mala elección. En definitiva, que nuestra estancia fue más que satisfactoria y sí, repetiríamos, pero el día que volvamos a ahorrar un poco porque claro: seguimos siendo pobres. Aún y con esto, y si algún día queréis hacer un regalo especial, ésta no es una mala opción y si seguís los consejos que aquí os doy podéis hacer vuestra estancia mejor por un poco menos, todo es cuestión de proponérselo.


Piscina en el Parador de Trujillo.


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