#LPTVIncógnitaTourII: Trujillo, la maravilla extremeña

Pisamos Trujillo por primera vez el domingo 19 de junio de 2016. Para nada habíamos imaginado lo que nos íbamos a encontrar...


Después de un viaje un poco accidentado [ leer aquí la entrada anterior ] acabamos llegando a Trujillo, donde nos alojamos en un Parador de turismo.


La elección de Trujillo como centro de operaciones en Extremadura no es baladí; Trujillo es un lugar con mucha - muchísima - historia que nos interesa bastante por ello, pero además parece que es un lugar bonito por lo que creemos que vamos a estar a gusto. Nuestra llegada a Trujillo, como ya dijimos en la entrada anterior, sucede después de haber pasado por Oropesa de Toledo y La Puebla de Guadalupe, y después de haber hecho más de 600 km por carretera, a finales de junio y sin aire acondicionado en el coche. Llegamos, así, a Trujillo un poco cansados y solo tenemos ganas de sentarnos y descansar, por lo que aparcamos a las puertas del Parador y nos acomodamos en la habitación [podéis leer nuestra experiencia en Paradores aquí ]. 

Pero, aunque queramos estar sentados, parece que algo superior a nosotros nos llama irremediablemente desde el exterior, así que decidimos salir a la calle y echar un primer vistazo a Trujillo. Desde el hotel son pocos los metros que nos separan desde el centro del pueblo, teniendo en cuenta que el Parador de Turismo se encuentra en el casco histórico de la localidad, así que debemos andar poco hasta encontrarnos con la increíble vista que supone la Plaza Mayor de Trujillo. Nuestra cara de alucine es máxima, de verdad; habíamos visto muchas veces reproducida en imágenes ese mismo lugar, pero ninguna de ellas le hace justicia. 

Quedarnos plantados en medio de esa plaza enorme y bella a la vez es algo que hacemos en ese momento de forma inconsciente, y nuestros ojos no pueden dejar de contemplar lo maravilloso del lugar. Vamos dando la vuelta sobre nosotros mismos para no perdernos ninguno de los detalles, fijándonos sobretodo en la estatua ecuestre dedicada a Pizarro que preside magnánima, por encima de todo y de todos, la Plaza Mayor de Trujillo. 

Los colores con los que el atardecer extremeño pinta los edificios de Trujillo hacen todavía más bella la estampa, y si por el oeste se pone el sol, hacia el oeste queremos ir nosotros porque nos parece el camino para subir hasta el castillo. Porque sí, Trujillo tiene también castillo.

Nada más pasar una de las puertas que todavía se conservan comprendemos que esa Plaza Mayor no ha sido más que el aperitivo. Casas señoriales de piedra, de una piedra de un color tan bonito que lo queremos para nosotros mismo, se plantan ante nuestros ojos de forma elegante. Aquellos que, tras los pasos de Pizarro, fueron al Perú a hacer fortuna, regresaron a Trujillo y gastaron parte de ella construyendo grandes caserones de los que todavía hoy podemos disfrutar. De hecho, una de las construcciones más imponentes de la Plaza Mayor de Trujillo está dedicada al conquistador Pizarro: el Palacio de la Conquista. Éste fue mandado realizar por su hija, y es de estilo plateresco del siglo XVI.

Palacio de la Conquista

Puerta de entrada a la parte alta de Trujillo


Pero sigamos nuestro paseo por lo alto de Trujillo. Porque una vez sales de la plaza y te diriges al castillo Trujillo se convierte en una especie de laberinto con cuestas de piedra y callejones estrechos con toques de verde repartidos por la hiedra que cae de las paredes de algunas casas y los cipreces que se alzan tímidos hacia el cielo. Todo ello unido y barnizado del color dorado del ocaso hacen que no nos podamos creer lo que nuestros ojos ven, porque Trujillo es mucho mejor de lo que habíamos esperado.


Monasterio de San Francisco el Real de la Coria

Iglesia de Santa María la Mayor
Entre las cosas bonitas que nos encontramos en Trujillo destacamos la Iglesia de Santa María la Mayor, levantada sobre un antiguo templo románico, del que solo se conserva la torre oriental - Torre Julia. Aunque también encontramos cerca el Monasterio de San Francisco el Real de la Coria del que poco queda, pero que se muestra espectacular bajo los rayos del sol de la tarde. Y presidiendo la localidad, en lo más arriba de la misma, el castillo de Trujillo.


El castillo o alcazaba de Trujillo se erige en lo más alto del berrocal trujillano, en un cerro llamado "Cabeza del Zorro". La alcazaba data del período Omeya, por lo que se trata de un monumento andalusí.La construcción transita entre los s. IX y XVIII, que se caracteriza por la gran cantidad de torres que conforman su perímetro y la buena conservación de sus murallas.En el interior se conservan un par de aljibes y la capilla de la Virgen de la Victoria, patrona de Trujillo.

Una visita al castillo de Trujillo es de lo más agradable ya que la impresionante fortaleza se conserva muy bien, pero plantarse bajo esos muros imponentes es una sensación alucinante. La belleza del lugar no puede describirse con palabras, y lo que los ojos ven desde lo alto es imposible conocerlo si no se está allí. Trujillo tiene un algo de misterioso y mágico que difícilmente puede imaginarse. No es solo la cantidad de casas señoriales de personajes de gran peso histórico, como el ya mencionado Pizarro, o también Orellana, los elementos que dotan de peculiaridad al lugar, sino también la forma en la que las calles están distribuidas, el color de las piedras de las casas, que son las mismas que el pavimento, y que pintan de un ocre precioso todo el casco antiguo de Trujillo. Es todo el conjunto de elementos fantásticos el que permite sentirse a una afortunada de poder estar disfrutando de tamaña maravilla. 




Pero después de esta experiencia tan fantástica es hora de volver al hotel y descansar. Un Parador no está solo para dormir, sino también para disfrutarlo y, además, al día siguiente nos espera una sorpresa tan grande - o mayor - que la que Trujillo nos ha dado: nos vamos a Cáceres.


Podéis encontrar más información sobre Trujillo en las siguientes direcciones web:




Si te ha sido de utilidad...¡COMENTA,VALORA,COMPARTE!

Entradas Populares