#LPTVIncógnitaTourII | Almeida, un pueblo con estrella



Las murallas de Almeida, en Portugal, esconden un tesoro maravilloso. Esas fortaleza altísima y tan bien conservada – de las mejor conservadas de Europa – guardan tras de sí un pueblo coqueto y resultón, con un aire decadente encantador que enamorará a cualquier viajer@.

Tras pasear por territorio vetón, decidimos in extremis acercarnos hasta Almeida – en Portugal. Como ya dijimos en una entrada anterior, confeccionar una ruta es tarea complicada y más si tu idea es confeccionarla para que guste a otra persona. Por ello Almeida era un comodín en nuestra ruta pero nos apetecía tanto acercarnos hasta Portugal que tras la caminata en busca de la civilización salmantina perdida decidimos hacer algunos kilómetros más y acercarnos hasta el país luso.

Es curioso la emoción que siente una al viajar a otro país, aunque ello suponga tan solo hacer unos pocos kilómetros más allá de donde se está. Cruzar la esa línea que llamamos frontera es una especie de puerta a un nuevo mundo, aunque ese mundo sea de lo más cercano, y además la emoción es mayor si quien conduce soy yo, ya que nunca he llevado el coche fuera de España. Así, emprendemos el camino hasta Portugal por angostas carreteras secundarias, que incluyen un puente muy estrecho y alto al final del cual encontramos la Siega Verde, que no visitaremos por falta de tiempo.

De camino a Almeida se encuentra también Real Fuerte de la Concepción, fortaleza gemela a la de portuguesa – y que forman parte de las Fortalezas de Frontera -pero que hoy en día, y tras muchos años de encontrarse en un estado ruinoso, se ha convertido en un hotel de 4*. Nos apetece visitarlo ya que estamos allí pero nos saltamos el entrador por lo que seguimos adelante. Un par de kilómetros después encontramos la señal que nos indica que hemos salido de España y entrado en Portugal. Una señal pequeña, muy pequeña, nada de espavientos, nada de alardes. Parece que ello sea un avance de lo que nos espera en este país nuevo para nosotros.

Conduzco unos kilómetros más y aparecen ya señales que nos indican que Almeida no se encuentra lejos y solo cuando estamos verdaderamente cerca de la fortaleza nos damos cuenta de la magnitud de aquello. Pensamos en ese momento que sí, que ha valido la pena, pero todavía no sabemos que detrás de aquellos muros de piedra enormes hay un pueblo precioso que nos espera con los brazos abiertos.

Para conducir hasta el interior de la fortaleza debes hacerlo, sí o sí, a través de las enormes puertas que guardan la localidad, y nosotros lo haremos por la Porta de Sao Francisco



Tras ellas una plazuela encantadora nos recibe, lugar en el que aparcamos. Desde ella nos decidimos a explorar el pueblo y descubrimos, rápidamente, el tesoro.





A primera vista, nos sorprende enormemente que la arquitectura : casas de no más de tres alturas, un trazado regular y calles de piedra gris. A priori piensas que es muy diferente a aquello que hay un poco más allá de la frontera, pero después reflexionas y supones que la destrucción del pueblo hace doscientos años le haya conferido esta imagen tan característica. Pero si hay algo que destaque verdaderamente en Almeida es el color de puertas y ventanas, y flores, muchas flores.

La historia de esta foto la contamos en Instagram



Subimos hasta la Plaza Alta del pueblo para dirigirnos hasta la muralla para poder pasearla desde lo alto. El ocaso está próximo y la vista desde allí es infinita y bellísima. El sol que ya se esconde pinta de ocre y rojo el horizonte, que se extiende por una vasta llanura que no tiene fin.


La Plaza fuerte de Almeida es una estrella con 12 puntas, con seis baluartes y seis revellines. Se encuentra rodeada por un foso de 12 metros de ancho y tiene un perímetro de 2,5 kilómetros.

La forma actual de esta Plaza fuerte se remonta al siglo XVII, en época de la Guerra de Restauración Portuguesa.

Continuamos caminando por el pueblo, de modo pausado, disfrutando de todos los rincones. El encanto del lugar es enorme, encanto que es realzado por todas las puertas y ventanas de colores que podemos ir encontrándonos a nuestro paso.






Almeida lo es desde el s. XIII y, durante la Edad Medio, creció alrededor de un castillo perteneciente al Reino de León. A finales del s. XIII, en el año 1297, Almeida pasó a formar parte del Reino de Portugal.
Fue a finales del s. XVIII y principios del s. XIX cuando Almeida sufrió fuertes invasiones por parte de los ejércitos franceses comandados por el mariscal André Masséna, que consiguió conquistar la plaza fuerte en agosto de 1810. Ese día un proyectil francés alcanzó un polvorín portugués, produciendo una tremenda explosión que destruyó la fortaleza medieval, además de la mayor parte del pueblo. Mató a 500 soldados portugueses – el lugar podía albergar hasta 5000 – y algunos franceses alcanzados por la lluvia de pedruscos murieron. De Almeida poco quedó y, lo que vemos hoy, es ya otra historia.






Después de todo esto todavía nos espera alguna que otra sorpresa: una pequeña iglesia con un campanario almenado, un parque bellísimo lleno de verde y flores y una puesta de sol más allá del muro que nos deja sin aliento.







Es momento ahora de volver a España, a Ciudad Rodrigo. Cogeremos otra carretera, mucho mejor que la anterior y tras pasar por algunos pueblos portugueses nos daremos cuenta que, tal vez, hubiéramos tenido que dedicarlo algo más de tiempo a esa parte del país vecino. Llegaremos hasta Vilar Formoso y allí sí, hay un gran despliegue en esa línea que llamamos frontera: policía, tiendas y gasolineras. Pues nada, al final resultará que sí, que todo es cuestión de perspectiva, aunque ésta sea geográfica. Tras algunos kilómetros de autovía – solitaria – llegamos a Ciudad Rodrigo con intención de descansar un poco: al día siguiente nos iremos a la Sierra de Francia.






Más información sobre Almeida:


En Almeida, además de pasear por sus calles, podéis visitar el interior de las murallas – eso sí, si llegáis a tiempo. Encontraréis la Oficina de Turismo en la Puerta de San Francisco, y podréis visitar también el Museo Histórico-Militar de Almeida y también el Picadero del Rey, donde se crían los mejores caballos de Portugal.

Almeida está dentro de la Ruta de Fortificaciones de Frontera, y podéis encontrar también información útil en la página de turismo oficial de Portugal.



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