A #FranciaEnTren | Aix-en-Provence Día 2



En nuestro segundo día de viaje a la preciosa ciudad francesa de Aix-en-Provence le tenemos guardado un hueco - un gran hueco - a uno de los personajes modernos más ilustres de la ciudad: Cézanne. Pero no solo Cézanne nos espera en este soleado domingo de agosto, hay todavía algunos lugares de la ciudad que tenemos pendientes y que queremos descubrir antes de regresar a nuestros hogares. 


Como el día anterior, comenzamos la mañana con un buen desayuno que nos permitirá tener fuerzas hasta bien entrada la tarde. Aunque parezca exagerado - y puede que lo sea - uno de los trucos para ahorrar en los viajes lowcost es comer bien en el desayuno para tener hambre lo más tarde posible. Sí, parece triste - y puede que lo sea - pero es un modo de salvar algunos euros que pueden ir a parar a otros fines viajeros.



Después de llenar nuestras panzas con deliciosos manjares salimos del hotel con un destino claro: el Atelier de Paul Cézanne. Pero antes de ello vamos a dejar la habitación y pedir que nos guarden las maletas en recepción hasta que podamos entrar en el otro alojamiento. Mientras ese momento llega, visitaremos un lugar que tenemos pendiente la iglesia de San Juan de Malta.





Al llegar encontramos la puerta abierta, así que entramos, pero resulta que están celebrando una misa - claro, es domingo. Así que damos un breve vistazo desde atrás, y lo que vemos es fantástico, La luz de finales de agosto se filtra dulcemente a través de las vidrieras y se reperate de modo uniforme por todo el edificio, de un color arena precioso. La elegancia en la arquitectura de esta iglesia no se encuentra solo en el exterior, sino también en el interior, y es que esta iglesia es la primera iglesia gótica de Provenza, construida entre los años 1272 y 1275 y habiendo sido clasificada como Monumento Histórico en el año 1840.


Después de la visita daremos un último paseo por el barrio para después recoger las maletas e ir hasta nuestro nuevo alojamiento, en la otra parte del casco histórico de la ciudad. Decidimos hacer el trayecto a pie, aunque tenemos en nuestras manos la tarjeta Pass y el transporte público, con ella, es gratuito. Y decidimos hacer esto porque nos gusta mucho pasear los lugares que visitamos, y si tenemos tiempo ¿por qué no? Durante el camino pasaremos otra vez por una de las fuentes más bonitas de Aix: la de los cuatro delfines

Típica estampa de domingo
 
El mercado de las flores se celebra también hoy domingo y las calles están llenas de gente haciendo más ameno nuestro trayecto hasta al hotel yendo con las maletas a cuestas. Nada tiene que ver nuestro nuevo alojamiento con el que acabamos de dejar, y es que el Hotel Paul nos servirá de lugar de descanso para una noche que será breve ya que deberemos levantarnos bien pronto para coger de nuevo el tren. 


Detalle de la habitación

Descansamos un momento en nuestra habitación y nos vamos hasta el Atellier Cézanne, cercano a nuestro hotel, pudiendo llegar a él con el bus o a pie. Nuestra elección no es sorprendente... nos vamos a pie, siguiendo las señales que hay repartidas por la ciudad. Caminamos hasta los límites de la ciudad ya que el taller del pintor se encuentra en las afueras y nos es difícil encontrarlo. Finalmente una señora nos ve con cara de perdidos y nos dice que el taller está un poco más abajo. Así, seguimos sus indicaciones y llegamos finalmente al Atelier de Cézanne. 



Paul Cézanne, nacido en la ciudad francesa de Aix-en-Provence el 19 de enero de 1839, es uno de los pintores más importantes para la pintura moderna ya que fue el padre del cubismo. Su desapego frente al impresionismo hizo que sus obras tomaran una forma nueva y abrieran las puertas a ese movimiento que revolucionó el arte a principios del siglo XX y del que bebieron y se nutrieron artistas como Pablo Picasso. Aunque Cézanne viajó a París, entre otros lugares, no podía estar lejos de su ciudad natal, Aix, y allí regresó. El atelier que hoy visitamos fue construido expresamente para que el pintor pudiese trabajar con la mayor cantidad de luz posible, abriendo así grandes ventanales que permiten la entrada de luz natural. La cercanía al campo fue también elemento crucial para levantar este edificio y fue en el campo, cuando Cézanne pintaba cerca de Santa Victoria, que le pilló una tormenta. El artista regresó empapado a su casa, y enfermó de neumonía causándole la muerte el 22 de octubre de 1906. El artista moría, pero su arte quedaría para siempre en manos de la humanidad.

Para visitar el taller de Cézanne utilizamos también nuestro Pass, que nos permite acceder al lugar de forma gratuita (la tarifa normal son 6 euros). Tras subir unas escaleras empinadas y muy estrechas, llegamos a una sala bastante amplia que todavía hoy huele a pintura y trementina. En ella encontramos elementos fácilmente reconocibles en todas las obras de Cézanne, y que aparecen en un audiovisual que se proyecta en una televisión comparando los cuadros y los elementos hoy expuestos. En el taller de Cézanne encontramos su bastón, la escalera con la que pintó a sus famosas bañistas y demás elementos esenciales para todo artista. Los amantes del arte seguro que disfrutan mucho de la visita y yo, personalmente, me lo considero y la disfruto muchísimo.

 



Bien pasaría por un cuadro, ¿no creéis?








La visita puede continuarse por los jardines de la propiedad, lugar muy tranquilo y lleno de vegetación, que invitan a la relajación y el descanso.




Después de este lugar, visitaremos otro imprescindible de Aix-en-Provence: el Pavillon de Vendôme. Otra vez iremos hasta él caminando, y disfrutaremos de unas vistas bellísimas de Aix desde la avenida Pasteur, donde además se encuentra el único elemento de arquitectura revolucionaria presente en la ciudad provenzal, el Mausolée Joseph Sec


El mausoleo revolucionario
Además, y de camino al Pabellón Vendôme, pasaremos también por la única torre que se conserva de las antiguas murallas de la ciudad, la torre Tourreluque del s.XIV, que se encuentra en el lugar donde antiguamente estaban las termas romanas de Sextius y que a día de hoy son un centro de spa y de masajes - vamos, lo que vendrían a ser unas termas en época romana. 


Unos pasos más allá encontraremos tras una reja enorme, y gracias a las indicaciones del mapa, nuestro palacio. Éste fue terminado en 1665, y rodeado de jardines a la francesa,se usa a día de hoy como sala de exposiciones. En ella, además de las obras artísticas que puedan mostrarse al público, podemos ver también el mobiliario y decoración típicos de un palacio en los siglos XVII y XVIII.


La impresión que nos da aquello es fantástica, porque cuando te topas con la entrada no parece que detrás vaya a haber algo así. Es más, no podemos creer que entre tanta casa y edificios residenciales se esconda un lugar tan bello como aquél. Damos, primero, un paseo por sus jardines, aunque el calor que hace - deben ser casi las tres de la tarde - desluce un poco la visita - la entrada a los jardines es gratuita. 


Mostramos, de nuevo, nuestra tarjeta Pass - la entrada son 3,5 euros -  y tras una conversación un poco extraña con el señor de la taquilla que habla un francés un poco cerrado - como cuando hablo yo con los de mi pueblo, y a mucha honra - nos metemos en la exposición, que esos días es de fotografía, realmente interesante. Además de disfrutar de los elementos expuestos, vemos también cómo era un palacio en aquella época en que la abundancia y la ostentación eran la tónica general - bueno... tampoco dista mucho de lo que sucede actualmente. 

Mozo, asómate y verás


El calor dentro del pabellón es sofocante, en el exterior el sol asfixia, así que decidimos sentarnos en un banco y resguardarnos bajo la sombra de los árboles un rato y comer unas rosquillas que traemos en nuestra mochila de salvamento.


Después de esto queremos ir hasta la Bastida de Jas de Bouffan, lugar de gran importancia para Cézanne, y para ello debemos tomar el autobús, pero cuando estamos a punto de llegar a la parada vemos que acaba de pasar, y es el último que nos permite ir allí en horario de apertura del monumento, así que cambiamos los planes y tomamos en ese momento una de las mejores decisiones del día: subirnos al tren turístico. Esto es algo que no solemos hacer cuando viajamos, ya que nos gusta descubrir los lugares por nosotros mismos, pero el calor sofocante y el cansancio de todo un día caminando bajo el sol abrasador nos lanzan irremediablemente a los brazos del trenecito. Encontramos la parada frente a la estatua de Cézanne, donde la oficina de turismo, y con el Pass es también gratuito.

Donde este señor encontraréis el tren
La visita dura unos 45 minutos y es bastante interesante. El tren pasa por todos los lugares importantes de la ciudad y a lo largo de todo el trayecto tenemos unos cascos con explicaciones en español sobre lo que estamos visitando. Hay cosas que descubrimos durante el viaje en el trenecito turístico, como que en la Cous Mirabeau se encuentra la antigua sombrerería del padre de Cézanne y de la que todavía hoy queda el rótulo pintado en la pared - como otros tantos existentes en la ciudad. 


Pasajeros al tren

Visto desde el tren
La Plaza Albertas es otro de los lugares a los que te lleva el tren turístico
La catedral forma parte también del recorrido
La sombrerería del padre de Cézanne en Cours Mirabeau
Después de ello son pocas las cosas que nos quedan por hacer: otro paseo por el casco histórico aprovechando que el día está llegando a su fin y la luz es maravillosa. Ahora toca hacer unas compras en el mercado artesano de Cours Mirabeau: algunas hierbas provenzales y algo de jabón de Marsella. Además, aprovecho para comprarme un libro sobre panes y pastelería francesa que encuentro de oferta en una librería de la misma avenida - una de las ventajas de viajar en tren es que puedes cargar el equipaje con peso -, nos tomamos una crepe deliciosa para merendar y después de dar el último paseo por esta bella ciudad cenaremos una pizza sentados en un banco de Cours Mirabeau y nos despediremos de esta bella ciudad iluminados por las luz del atardecer provenzal. 


Un atardecer perfecto en la Provenza



Solo nos queda despedirnos, muy a nuestro pesar, de esta bella ciudad provenzal. A la mañana siguiente nos espera un buen madrugón para poder coger el tren que nos llevará de vuelta a España. Ha sido un fin de semana magnífico en Provenza que jamás olvidaremos, descubriendo una ciudad increíble con una gran cultura y muchísimo arte y encanto repartido por todas sus calles. Sin duda, uno de los lugares obligatorios de esta parte del territorio francés que se deben visitar sí o sí.

El Roi Renné se despide ya...

 Información adicional:

Más información sobre el atelier de Cézanne en esta dirección web: http://www.atelier-cezanne.com/
Lo encontraréis en la avenida Paul Cézanne nº9, y los horarios son los siguientes:

1 abril al 30 de junio
Todos los días  – de 10h a 12h30 y de 14ha  18h
1 de julio a 31 agosto
 Todos los días – de 10h àa 18h
1 al  30 de septiembre
Todos los días – de 10h a 12h30 y de 14ha 18h
1 de octubre a  31 mars
Todos los días – de 10h a 12h30 y de 14h a 17h

Cerradp : 1 a 10 de enero,  1de mayo,  25 de diciembre  – Los domingos de enero, febrero y diciembre

Podéis encontrar información sobre los museos y los lugares a visitar de Aix-en-Provence en esta web: http://www.aixenprovencetourism.com/es/ver/museos-y-lugares-interes/ y en esta otra encontraréis un plano guía: http://www.aixenprovencetourism.com/wp-content/ressources/docs/V-plan-guide-es.pdf


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