Galicia y sus Islas

Son muchos los lugares a los que queremos viajar, al menos, una vez en nuestra vida, y es por ello que abrimos en este blog la sección de futuribles, pero hay destinos que son tan increíbles que con solo una vez no es suficiente. Este es el caso de hoy; en nuestros futuribles, un lugar en el que ya hemos estado, pero al que llevamos mucho tiempo queriendo volver: Galicia.





Estoy echando cuentas de cuánto tiempo hace que viajamos a Galicia, y creo recordar que fue en el verano de 2003, cuando ambos teníamos 17 años. Este viaje no era un viaje de placer, a priori, podríamos decir que era más bien un viaje de trabajo porque íbamos a dar un concierto. De ese viaje recuerdo, personalmente, las horas de ensayo antes de subirnos al autobús una madrugada del mes de julio – ¿o era agosto? –, las risas y nervios entre compañeros, la ilusión de cruzarnos España entera, la tensión de no olvidar partituras ni instrumentos ni uniforme, y llevarnos en la maleta las ganas de pasarlo genial.

En esa época éramos jóvenes y sí, nos importaba visitar cosas, pero teníamos la cabeza en otros asuntos. Aún y con esto, viajar a Galicia había sido siempre uno de mis sueños, ya con 17 años, y no sabría explicar el porqué; tal vez sus leyendas, su historia, sus paisajes, su arquitectura… fuera como fuere, ese viaje supuso para mí la realización de un sueño, aunque me quedé con muchas ganas de más.

Y es que, como os decía antes, de ese viaje recuerdo algunas cosas, sí. Recuerdo nuestra llegada a Sanxenxo, donde nos alojábamos, recuerdo los ensayos en el Hall del Hotel mientras los demás huéspedes alucinaban con aquello y bailaban pasodobles; recuerdo el emocionante concierto en Muxía y la costa gallega que aún estaba amargamente pintada por el negro chapapote. Recuerdo de Muxía una ermita en un acantilado y recuerdo la copiosa cena que nos hicieron en agradecimiento al concierto, una cena repleta de manjares y regada con vino, mucho vino. Recuerdo también, vagamente, comerme kilos y kilos de mejillones en O’ Grove con mucho albariño y recuerdo, sobretodo, la sensación que tuve al pisar por primera vez Santiago de Compostela: los vellos de punta, un nudo en el estómago, los ojos empañados.  Pero de Galicia recuerdo, más que nada, el hecho de tenerme que marchar y no saber cuándo iba a poder regresar.

Una foto de aquel viaje, en la que yo no aparezco, pero Juanjo sí...

Y es que Galicia fue un destino que me marcó mucho – aunque mi predisposición a ello ayudó bastante –, y una de las cosas que más me impresionó fueron su litoral. No olvidaré jamás mis sentimientos al plantarme delante del Atlántico y observar la belleza salvaje de la costa escarpada y el infinito del océano. Y tal vez sea la llamada del mar lo que escucho desde entonces, una llamada que me incita a descubrir más y más de los tesoros que la costa gallega guarda, tesoros que se traducen en lugares como las Islas Cíes, a las que se puede llegar cogiendo un barco desde Vigo o Cangas, o navegar hasta la Isla de Ons, ambas en el Parque Nacional das Illas Atlánticas.




Creo que éste sería un buen viaje para apartar a Galicia de nuestro cajón de futuribles y quitarme esa espina que llevo clavada desde que visité esta maravillosa tierra en años mozos, y en circunstancias no demasiado apropiadas para poder disfrutar, de un modo completo, de los encantos que la tierra – y el mar – gallega ofrece.




Más información

Sobre la Isla de Ons ↠ www.isladeons.net
Sobre las Islas Cíes ↠ www.turismodevigo.org/es/islas-cies
Sobre las Illas Atlánticas
Sobre Galicia ↠ www.turismo.gal

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