Getxo y Portugalete | Tendiendo puentes

Sobre la ría del Nervión, uniendo las localidades de Getxo y Portugalete, encontramos un puente de hierro, el de Vizcaya, que es Patrimonio de la Humanidad. Cruzarlo es todavía hoy una proeza que nosotros también queremos lograr.




Cuando decidimos viajar a Euskadi, y  mientras intentábamos armar una ruta que se pudiese hacer sin necesidad de subirse a ningún coche, Portugalete estaba ahí como un posible que no teníamos demasiado claro poder realizar. Las conversaciones con nuestra amiga – y anfitriona – Anna borraron la idea de posible para convertirlo en factible, ya que a Portugalete se llega desde Bilbao en metro, y en un santiamén.                                                                                                                                                                                                                                                                           
Para llegar a Portugalete desde Bilbao, tan solo debemos tomar el metro y recorrer un trayecto de poco más de 20’. Para ello debemos ir hasta la estación de Moyua y bajarnos en la de Portugalete.

Y eso es lo que hacemos nosotros: nos dirigimos hasta la estación de metro de Moyua para subirnos en el tren de la L2 con dirección Kabiezes y bajarnos casi media hora después. Deciros que en esta estación, la de Moyua, podemos encontrar la firma de Sir Norman Foster.



Tras un viaje en metro que transcurre en su parte final por la superficie terrestre llegamos a Portugalete. La primera impresión que tenemos del lugar es de indiferencia, ya que cuando sales de la boca del metro hay poco que ver, pero tan solo debes seguir las indicaciones que señalan el camino hasta el Puente de Vizcaya para comenzar a descubrir una localidad que guarda algún que otro tesoro de gran valor.

Portugalete se encuentra en lo que se conoce como Gran Bilbao, es decir, el cinturón industrial de la capital de Bizkaia. Portu, como se conoce a la ciudad popularmente, tiene en su casco histórico algunos lugares de interés, como la Casa Bustamante que data del año 1910, de estilo modernista catalán, o el Palacio Manuel Calvo, de estilo colonial. Pero también hay en Portu vestigios de cuando aquello fue una fortificación: la Casa- torre de Salazar, que es hoy un museo donde se guardan, entre otras cosas, la carta-puebla y una maqueta del viejo Portugalete.

La Torre Salazar

En esta parte de la ciudad nos encontramos, además, con el mirador del Campo, lugar desde el que se tienen unas magníficas vistas del Puente Colgante y la ría que transcurre bajo él. Desde este punto podemos ver Getxo a la otra orilla de la ría, y es menester – a nosotros se nos hace eso – detenerse unos minutos, parar y disfrutar de las vistas.




La basílica de Santa María es otro de los puntos de interés de Portu, pero es que además la arquitectura en esta parte de la ciudad es muy agradable; el ambiente vasco se percibe a cada paso que das, con casas de poca altura, ventanales enormes, balcones cerrados y fachadas de colores.  






Para llegar hasta el Puente Vizcaya debemos descender las empinadas calles de Portugalete, cruzar lo que fuera antaño una muralla y pasar por el Ayuntamiento de Portugalete, en la preciosa Plaza El Solar.





A mano izquierda, plantado frente a la ría y con el puente detrás, el monumento a Víctor Chávarri, ingeniero civil que desempeñó un papel muy importante en el desarrollo industrial de Bizkaia. También, allí, encontramos la estatua a Salazar, el primer historiador de Bizkaia.

Monumento a Víctor Chávarri con el Puente Colgante al fondo

Pero lo que hay allí que impone de verdad es la visión que se tiene del Puente Colgante. En ese momento se percibe la magnitud de la obra que, si a día de hoy sorprende, ¿qué no debía hacer en el s. XIX?




El Puente Vizcaya fue el primer puente colgante transbordador del mundo. Esta gran obra de ingeniería, ideada por Alberto de Palacio – autor del Palacio de Cristal madrileño –  y ejecutada por Ferdinand Arnodin, fue inaugurada el 28 de julio de 1893, habiéndose iniciado su construcción en el año 1890.
Alberto de Palacio se fijó en la obra de Gustave Eiffel para construir el puente, prestando atención a gran cantidad de los principios técnicos que el ingeniero francés utilizó en la construcción de la conocidísima Torre Eiffel.
El puente está compuesto por una estructura metálica de cuatro torres realizadas en una celosía de acero que alcanza los 51 metros de altura, fijadas con cables y unidas de dos en dos a ambos lados de la ría. La pasarela que une las dos orillas de la ría mide 160 metros, y se encuentra suspendida a 45 metros sobre el agua. Colgado de la pasarela discurre una barquilla o plataforma que circula a nivel de las orillas y que, en la actualidad, transporta tanto a pasajeros como vehículos.
Cuando lo inauguraron el puente funcionaba a base de motores impulsados por vapor, y en la actualidad es la electricidad la que permite mover la barquilla que funciona, más o menos, cada 8 minutos las 24h del día, todos los días del año.

Nos decidimos a cruzar la ría eligiendo la barquilla como transporte, y no caminando por la pasarela – aunque las vistas sean de infarto – por un par de cosas: porque mi vértigo dice que no, y también porque la barquilla es la opción más económica (40 céntimos por persona y viaje). Así, compramos el billete y esperamos a que llegue la barca suspendida, nos subimos en ella y en poco más de minuto y medio hemos cruzado la ría de la forma más original posible.




Cabe decir aquí que a mí me produce bastante impresión subirme en el artefacto siendo consciente de que se encuentra colgado por unos cables de más de 40 metros, pero nada que no pueda soportarse con una dosis de risas entre amigos.



Nos encontramos, ahora, en Las Arenas de Getxo, lugar escogido por las clases acomodadas de Bizkaia para ubicar sus residencias, gentes que hicieron fortuna con el proceso industrializador de finales del s. XIX. La gran cantidad de palacetes y mansiones que se encuentran en Getxo ha motivado que su zona ribereña sea declarada Conjunto Monumental.

El puente desde la otra orilla con la barquilla cruzando



Pero lo primero que nos impresiona de Getxo no son sus mansiones, que aparecen ante nosotros después de algunos minutos de caminata, sino las increíbles vistas que suponen la bahía y los acantilados al fondo – muy al fondo.





El día, primero de marzo, es radiante: un sol brillante acompañado de un cielo azulísimo y una suave brisa marina que hace del paseo por la zona ribereña de Getxo una delicia. Es ahora cuando comenzamos a divisar villas y palacetes, algunos de ellos bastante estrambóticos: uno quiere ser como un cottage inglés, otro tiene aires de caserío vasco. Un sinfín de casas enormes y fantasiosas que aquellos quienes hicieron fortuna a finales del XIX y principios del XX decidieron desplazarse hasta Getxo y pasar allí sus días. Nosotros, la verdad, nos quedaríamos también, y es que Euskadi nos está brindando unos días maravillosos de sol y temperaturas suaves que hacen que esta parte de la geografía ibérica nos guste mucho más de lo que imaginábamos.





Terminamos el paseo y, antes de torcer a la izquierda para continuar hasta el Puerto Viejo de Algorta – lugar al que no llegaremos porque se nos está haciendo muy tarde –, nos encontramos con el Palacio Lezama, obra del arquitecto José María Basterra, que es la joya de la corona en lo que a palacios se refiere. Nos ponemos a hablar con nuestra anfitriona y gran amiga Anna de la historia de este lugar – un poco truculenta – y decidimos que, si nos volvemos millonarios de repente, nos haremos con él.




Continuamos, ahora, por la playa Ereaga hasta toparnos con La Cruz Roja del Mar, ubicada en la Casa del Náufrago y que es de una belleza exquisita. Ésta se encuentra en la denominada Punta Begoña, y fue construida en el año 1912 para albergar la Sociedad de Náufragos formada por marineros y trabajadores del mar que, de forma totalmente altruista, acudían al rescate de navegantes en problemas. El año 1971 nace la Cruz Roja del Mar como extensión de las labores humanitarias de la Cruz Roja española, y desde entonces hasta nuestros días en este espacio con aires de fortaleza se ha velado por la integridad de aquellos quienes viven en  y del mar.

Cruz Roja del Mar


Tras la Cruz Roja del Mar encontramos el Real Club Marítimo del Abra y al final de la playa el anteriormente mencionado Puerto Viejo de Algorta, lugar al que no llegaremos por lo que ya os he explicado: más de las cinco de la tarde, o la seis – no alcanzo a recordar la hora exacta –, sin haber todavía comido y con cosas que hacer en Bilbao. Dejaremos Algorta y los acantilados para otro día, porque nosotros queremos regresar a Euskadi y volver a pasear por su costa.



Para regresar a Bilbao debemos coger, de nuevo, el metro, pero esta vez no vamos a hacerlo desde Portugalete, cosa que supondría deshacer todo el camino – que es mucho – y volver a cruzar el puente. Así, nos dirigimos hasta la estación de metro Algorta, en el barrio del mismo nombre y que forma parte de la localidad de Getxo. Si no habíamos caminado lo suficiente durante todo el día, resulta que gracias a mi maravillosa orientación acabamos perdiéndonos y dando tumbos calle arriba, calle abajo. Pero no hay nada que un buen lector de Google Maps – y esa no soy yo – no pueda solucionar. Finalmente llegamos hasta Algorta y podemos, agotados, regresar a Bilbao. Allí todavía nos quedan algunas cosas que hacer…


Más información


Podéis consultar los horarios de metro, itinerarios… en este enlace: https://www.metrobilbao.eus/utilizando-el-metro/como-llegar


Si lo que buscáis es más información sobre el Puente Vizcaya, podéis dirigiros aquí: http://puente-colgante.com  http://puente-colgante.com

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