Vall del Madriu Perafita Claror



La naturaleza abrumadora es uno de los atractivos principales de los que goza el Principado de Andorra. En nuestra escapada a este pequeño país vecino decidimos hacer una ruta senderista y, por la época del año que era, pocas opciones teníamos ya que la nieve y el hielo dificultaban aún el paso. Por ello, y tras deliberar un poco, decidimos seguir el camino de la Vall del Madriu Perafita Claror. No sabíamos que el asunto se nos iba a complicar un poco…


El día anterior comencé a sentirme mal. A medida que las horas iban pasando mi cuerpo comenzaba a notar unos escalofríos extraños, unidos a un dolor de oídos bastante familiar.  Cuando pasamos por Bellver de Cerdanya me di cuenta que había enfermado, y de regreso a Andorra me paré en la primera farmacia que encontramos para comprar algo que paliase mi malestar. 



Esa noche fue fatal para mí: sudores y fiebre, algo que raramente me sucede. Mi garganta comenzaba a hincharse y mi ánimo decaía. Para el día siguiente habíamos planeado una ruta senderista por la Vall del Madriu Perafita Claror, que es Patrimonio de la Humanidad y no quería dejar de hacerla, y lo que era peor: en un par de días tenía concierto y debía cantar. Con esos dos pensamientos en mente, mi conciencia me decía no lo hagas, tu garganta se va a poner peor pero mi espíritu aventurero – que de tanto en tanto da señales de vida – me pedía con ansias que me fuese al monte. En el desayuno deliberamos Juanjo y yo sobre el tema, y como los antiinflamatorios hicieron su trabajo – junto a una buena cantidad de líquidos en forma de zumo – me envalentoné y dije ¡allá vamos! Nos enfundamos nuestras ropas de caminantes y pusimos rumbo con el coche al nacimiento del sendero.



Son algunos los itinerarios que pueden seguirse en este valle. Nosotros decidimos – y por recomendación del trabajador de la oficina de turismo – hacer el sendero que llevaba hasta el estanque de Perafita, pero llegando solo hasta el Refugi de Perafita y debido a la nieve que todavía había acumulada entonces en las alturas.
Para hacer esta ruta se debe tomar la salida hacia La Plana, girando a la derecha dirección Engolasters – aparecen indicaciones desde Andorra la Vella. Allí podemos aparcar cerca del matadero, y es lo que nosotros hicimos. El inicio del sendero está marcado con un panel que nos indica la ruta.





La caminata comienza por una subida bastante pronunciada. Hemos leído que la ruta es exigente, pero nada que no hayamos hecho antes ya, así que nos envalentonamos – más yo que JJ – y comenzamos a subir. Las horas puede que no sean las más idóneas, ya que la mañana está en sus momentos centrales y, aunque los días en abril sigan siendo todavía frescos, el sol aprieta un poco y la temperatura de nuestros cuerpos comienza a aumentar. Así, la primera subida se me hace un poco dificultosa, pero rápidamente llegamos a un puente de piedra por el que discurre el río Madriu, una estampa preciosa que me permite pensar  está valiendo la pena.




Continuamos la subida, que cada vez se me está haciendo más dura. Un centenar de metros más arriba llegamos a una casa de piedra que tiene pinta de ser de aperos, junto a la que se encuentra un huerto cultivado. En mi estado de evidente decrepitud me pregunto cómo narices suben a cultivar aquello sin morir en el intento.




Juanjo debe verme un poco tocada porque no para de insistirme en que demos la vuelta, que no pasada nada si no completamos la ruta, pero a veces le gano en testarudez y digo que no, que puedo continuar - ¡JA!. Seguimos subiendo, siempre siguiendo las indicaciones que algún gracioso, en un punto de la ruta y al inicio de la misma, ha movido y nos ha hecho caminar metros sin sentido. Subimos y subimos, y las vistas son impresionantes. Me sigo autoconvenciendo: esto vale la pena. Pero los escalofríos son cada vez más grandes, empiezo a tener calor y sudores fríos, pero no quiero destaparme para no cascarme más la garganta. No puedo dejar de pensar que ese mismo viernes debo cantar canciones de AC/DC y Iron Maiden, y eso no se puede hacer estando enferma. Mi miente desfallece junto a mi cuerpo y acabo tirándome sobre una roca plana – después de haberme parado ya unas cuantas veces más – y pienso que igual un poco de fotosíntesis me viene bien. Juanjo se me queda mirando, sonriendo, y me dice: ¿estás segura de no querer dar la vuelta? Con los ojos cerrados y el sol acariciando los pocos centímetros de piel que mi ropa dejan al descubierto mi mente parece, por fin, aclararse un poco y entro en razón. Acabo bajando del burro y acepto mi derrota. Aunque seamos francos: una retirada a tiempo es una gran victoria.

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Deshacemos el camino, disfrutando de las vistas que se tienen del valle durante el descenso y caminamos sobre nuestros pasos de un modo tranquilo ambos y yo con una gran sensación de alivio. Hay que ver, Marina, qué testaruda eres.




 

MÁS INFORMACIÓN



Que este relato no os desanime a hacer esta ruta. Aunque el trayecto no es cómodo, el lugar merece la pena. Evidentemente, en buenas condiciones físicas otro gallo hubiera (o hubiese) cantado, pero la situación no era la idónea y supuso lo que habéis leído ahora. De todos modos, la ruta exige tener una condición física medianamente buena, ya que la subida es bastante exigente – hay 1200 metros de desnivel.





Si queréis información sobre todas las rutas que pueden hacerse en este valle, solo debéis clicar aquí.


Si os interesan las rutas de montaña y senderismo, aquí podéis encontrar varias propuestas.

Como siempre, seguid todo el rato las señales. Llevad calzado adecuado, bebida y comida si es que vais a estar mucho rato caminando. Ante cualquier problema o dificultad - como fue nuestro caso - no continuéis.




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